Del Corazón Inmaculado de María al Corazón de Jesús. La fe del pueblo de Dios

Comenzamos nuestra preparación para renovar nuestra consagración personal y común al Corazón de Jesús, en el día en el que se cumplen exactamente 100 años de la consagración e inauguración del monumento del Cerro de los Ángeles.

El mes de mayo que estamos terminando nos recuerda siempre la importancia de María en nuestro camino hacia Jesucristo. Una anécdota de la construcción del primer monumento del Cerro nos recuerda cómo los que nos han precedido tenían claro este papel de María.

La primera piedra para la construcción del primer monumento se colocó en el año 1917, siendo obra del arquitecto Carlos Maura y del escultor Aniceto Marinas. Cuando estaba siendo construido, una carta de una religiosa provocó una conmoción: ¡el monumento que tenía grupos escultóricos dedicados a santos, ángeles… había olvidado incluir a la Virgen María! ¡Un monumento al Corazón de Jesús, pidiendo el regalo de una fe viva para nuestro pueblo, en la llamada tierra de María, pero sin Ella! Hubo que modificar la construcción del monumento para colocarla en el lugar que le corresponde: en la base, en el camino que nos lleva al Corazón de Jesús.

No puede haber una auténtica consagración al Corazón de Jesús si no vamos a través de María. El Corazón de Cristo se formó en el seno de María gracias a su sí. María fue la que lo recibió en este mundo y quien nos lo entregó, para que pudiésemos acogerlo plenamente. Así, es de ella de quien aprendemos a recibirle, a tratarle y a amarle como se merece. Por tanto, hagamos esta preparación de su mano maternal.

Santísima Virgen María, acompáñanos a lo largo de esta preparación que hoy comenzamos. Enséñanos a recibir a Jesús en nuestra vida, para amarle como tú, y estar siempre unidos a su Corazón Sagrado en tu Inmaculado Corazón.

Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza.

A ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes Madre Mía, hasta morir en tu amor. Amén

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