Reflexión para el XXVIII Domingo del tiempo ordinario

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
(Ciclo C)

SABER AGRADECER ES VIVIR

✠ Francisco CERRO CHAVES
Obispo de Coria-Cáceres

Nos encontramos resumido en este evangelio de Lucas sus temas favoritos, la misericordia, el favor de Dios a los que viven en todas las periferias, los preferidos de su Corazón que son los últimos, y el asombro de Jesús ante la respuesta o falta de respuesta de los que ha realizado el milagro de la sanación.

Tres serían las actitudes que nos transmite la Palabra de Dios orada.

Primero el agradecimiento. Solo son felices los que saben agradecer. Es más los que no tienen un corazón agradecido nunca están plenamente curado. A veces no son consciente de la obra de salvación que ha realizado el Señor, por eso no vuelves para decirle un sencillo gracias. Es lo que ocurre con aquellos nueve leprosos que no son conscientes de la obra del Señor, y por no darse cuenta, vivirán siempre como enfermos, sin haber descubierto que el Señor les ha curado de raíz. Por no saber agradecer no viven en la alegría de las maravillas que Dios hace con nosotros cada día, como canto la Virgen en el Magníficat.

Segundo la profunda humildad de reconocer la acción sanadora en nosotros. Es increíble, por no ser humildes, no somos capaces de cantar las misericordias del Señor en nuestra vida. La gratuidad del Señor que hace el milagro sencillamente cuando cumplen su voluntad, contrasta con los que no se enteran porque viven ya con la convicción de que no hay solución y todo sigue igual. Es necesario curar la enfermedad de que todo es siempre lo mismo y que nuestra vida no tiene solución. Es necesario una gran dosis de humildad para reconocerse cada día sanado y salvado por el Señor y cantar sus grandezas mientras vamos de camino. 

Por último la confianza de quien se descubre amado en su pobreza y salvado en su miseria. Aquellos leprosos se habían instalado en la queja y en el pesimismo. Incluso a lo mejor pensaban que no estaban tan mal. Los hay peores. Dios hizo el milagro y les falto el valor para reconocerlo. En el fondo, curados seguían viviendo como leprosos por no confiar en las maravillas del Señor.

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