Reflexión para el XXXIII Domingo del tiempo ordinario

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
(Ciclo C)

NO TODO TIENE SU FIN

✠ Francisco CERRO CHAVES
Obispo de Coria-Cáceres

Jesús nos habla de que todo lo humano se acaba, tiene fecha de caducidad. Lo único que no tiene su fin es el Amor de Dios, que nos lanza a vivir para siempre. Vivir en el asombro sin fin. Los judíos se asombraban de la belleza de un templo que el Señor dice, que como todo no quedara piedra sobre piedra. Permanece el Templo Vivo que es Cristo muerto y resucitado. No todo tiene su fin, todo lo que se vive unido al Amor del Señor permanece para siempre.

Jesús nos insiste en vivir en el asombro, en la confianza, y en ser memoriosos, como dice el papa Francisco, camino de ser santo y feliz.

Primero vivir en el asombro de un Amor que es la belleza de la vida. Esa belleza que salva es Cristo. Es una belleza que estamos llamados a contemplar por toda la eternidad. Tomados de la mano por los valles del cielo con nuestros seres queridos que vivimos en esta tierra contemplaremos cara a cara a nuestro Redentor. Es vivir en el gozo de un asombro que no tendrá final.

Segundo vivir en la confianza de saber que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados y que el Señor nos cuida más que al átomo y la rosa. Es la confianza profunda de vivir en el cuenco de sus manos, y en la herida abierta de su Corazón, poniendo nuestro nido de amor, como dice el salmo, que en el templo y Jesús, hasta el gorrión ha encontrado donde colocar sus polluelos, su auténtica confianza.

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