Subsidio litúrgico para la Misa del día en la solemnidad de la Natividad del Señor

Subsidio litúrgico
para la sede presidencial

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Misa del día

El Verbo, el Hijo de Dios, ha compartido con nosotros nuestra naturaleza humana para que nosotros podamos compartir con El su vida divina. Una vida divina que nos trae también el don de la inmortalidad. (orac. colecta y orac. después de la comunión). Así, por la fe y el bautismo somos en verdad hijos de Dios. Por el nacimiento de su Hijo en la humildad de nuestra carne, Dios ha confundido nuestra soberbia y vencido al pecado del mundo. Hoy, en verdad, nos ha amanecido un día sagrado. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Color: blanco.
Misal Romano: Antífonas y oraciones propias, Gloria, Credo (a las palabras «Y por obra…», todos se arrodillan), prefacio de Navidad, embolismos propios en las plegarias eucarística. No se puede decir la plegaria eucarística IV.
Leccionario: volumen I (A).

Antífona de entrada (Cf. Is 9, 5)

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva a hombros el principado, y es su nombre: Ángel del gran consejo.

Monición de entrada

Hermanos y hermanas, nos hemos reunido este día en comunión con todos los creyentes en Cristo, que en todos los países del orbe celebran, como nosotros, la Navidad del Señor. A todos nos ha convocado el mensaje del ángel a los pastores de Belén: «Hoy os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor». Él es el Sol de justicia que nace de lo alto y es la luz que viene a alumbrar a todas las naciones. Acojámoslo con alegría porque a quienes vivimos en tinieblas nos ha brillado una gran luz.

Monición al Gloria

Se dice Gloria. Puede introducirse con la siguiente monición.

El himno que vamos a recitar (cantar) comienza con el cántico de los ángeles en la noche de la Navidad del Señor. Hacemos nuestros sus sentimientos de adoración y alabanza.

Oración colecta

Oremos.
Oh, Dios,
que estableciste admirablemente la dignidad del hombre
y la restauraste de modo aún más admirable,
concédenos compartir la divinidad de aquel
que se dignó participar de la condición humana.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Monición al Credo

Se dice Credo. Puede introducirse con la siguiente monición.

Al proclamar nuestra fe en el misterio de la encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios, expresaremos nuestra adoración arrodillándonos al decir en el Credo las palabras «y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre».

A las palabras: Y por obra… hay que arrodillarse.

Oración de los fieles

Hermanos y hermanas, ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres. Oremos confiadamente.

  • Por la Iglesia universal, extendida sobre la faz de la tierra, para que sepa llevar a todas las gentes la Buena Noticia de la salvación. Roguemos al Señor.
  • Por todos los pueblos, razas y naciones, para que encuentren la paz, don de Dios y fruto del amor y la justicia, y cesen las guerras, la segregación racial y toda clase de opresión y de violencia. Roguemos al Señor.
  • Por el rey, por el gobierno de la nación, por los gobiernos de todas las naciones, para que sus decisiones sean para el bien de todos. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que llevan en su carne la señal de Cristo pobre y paciente: los enfermos, los que pasan hambre, los emigrantes, los presos, los exiliados, los refugiados, los marginados, los que sufren la guerra, los que lloran la pérdida de sus seres queridos, los que no tienen trabajo, los que viven sin hogar, los ancianos que viven solos, los niños huérfanos, para que puedan sentirse amados de Dios y sus corazones se llenen de gozo. Roguemos al Señor.
  • Por nuestros familiares y amigos difuntos, que celebraron otros años con nosotros la Navidad del Señor, para que, renacidos a la vida eterna, la gloria del Señor los envuelva con su claridad. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra ciudad (nuestro pueblo), por los ausentes, por nuestras familias, por nosotros, aquí reunidos, para que, acogiéndonos con amor y paciencia, vivamos la gran alegría de la Navidad. Roguemos al Señor.

Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo
manifestado hoy al mundo
en la humildad de nuestra carne
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración después de la comunión

Oremos.
Dios misericordioso,
hoy que nos ha nacido el Salvador del mundo
para comunicarnos la vida divina,
te pedimos que nos hagas igualmente partícipes
del don de su inmortalidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

V/. Inclinaos para recibir la bendición.

Dios, bondad infinita,
que disipó las tinieblas del mundo
con la encarnación de su Hijo
y con su nacimiento glorioso
iluminó esta noche santa
aleje de vosotros las tinieblas del pecado
y alumbre vuestros corazones con la luz de la gracia.

R/.  Amén.

Quien encomendó al ángel anunciar a los pastores
la gran alegría del nacimiento del Salvador
os llene de gozo
y os haga también a vosotros mensajeros del Evangelio.

R/. Amén.

Quien por la encarnación de su Hijo
reconcilló lo humano y lo divino
os conceda la paz a vosotros, amados de Dios,
y un día os admita entre los miembros de la Iglesia del cielo.

R/.  Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/.  Amén.

Bendición apostólica con indulgencia plenaria

Los obispos diocesanos, así como los otros prelados equiparados en derecho a ellos, pueden impartir la bendición apostólica con indulgencia plenaria.

En lugar de la fórmula con la que normalmente concluye el acto penitencial, se dice la siguiente:

Por las súplicas y méritos de la bienaventurada siempre Virgen María, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los santos, os conceda Dios omnipotente y misericordioso un tiempo favorable de auténtica y fructuosa penitencia, un corazón arrepentido y la conversión de vida, perseverancia en las buenas obras y, perdonados todos vuestros pecados, os conduzca hasta la vida eterna.

R/. Amén.

Tras la oración después de la comunión, el obispo recibe la mitra. El diácono anuncia que se va a impartir la bendición, con estas o parecidas palabras:

El venerable padre N., por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica, obispo de esta santa iglesia de N., en nombre del romano pontífice, imparte la bendición apostólica con indulgencia plenaria a todos los aquí presentes que manifiesten verdadero arrepentimiento y hayan confesado y recibido la sagrada comunión.

Rogad a Dios por nuestro beatísimo padre el papa N., por nuestro obispo N. y por la santa madre Iglesia, y esforzaos en vivir santamente, en plena comunión con ella.

Entonces, el obispo, en pie y con la mitra, extendiendo las manos saluda al pueblo, diciendo:

El Señor esté con vosotros.

A lo que se responde:

Y con tu espíritu.

El diácono exhorta al pueblo:

Inclinaos para recibir la bendición.

Y el obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la fórmula de bendición solemne. Luego, recibe el báculo y concluye la bendición con esta fórmula:

Por la intercesión de los santos apóstoles Pedro y Pablo,
os bendiga Dios omnipotente,
Padre ✠, Hijo ✠. y Espíritu Santo.


SUGERENCIAS DE CANTOS

Canto de entrada: Hoy la paz bajó del cielo (CLN, A 11);
o bien: Adeste, fideles (CLN, 71); Ha nacido el Salvador (CLN, 68).

Canto de comunión: In excelsis Deo (CLN, 67);
o bien: Noche de Dios (CLN, 53); Hoy en la tierra (CLN, 62).

Canto para la adoración del Niño: Nace de nuevo (CLN, 58);
o bien: Es Navidad (CLN, 59).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s