La archidiócesis de Toledo: apuntes históricos

Orígenes (siglos IV-V). La tradición sitúa el origen del cristianismo y la fundación de la Iglesia en Toledo en el siglo I con san Eugenio, sin embargo la presencia cristiana en la ciudad es más bien tardía y las primeras noticias de carácter histórico que han llegado hasta nosotros son del siglo IV. En el concilio de Elvira (300), aparece firmando sus actas el obispo de Toledo, Melancio, iniciándose con él la lista de los prelados toledanos conocidos, que ha venido repitiéndose y aumentándose a lo largo de los siglos hasta nuestros días. Por estos mismos años sufre martirio la virgen santa Leocadia en la persecución de Diocleciano. En el año 400 se inicia la celebración de la famosa serie de los concilios toledanos.

Período visigótico (siglos VI-VII). Con la presencia de los godos en la Carpetania y la elección con el rey Leovigildo (572-586) de la ciudad de Toledo como su capital, «urbs regia», comienza un período histórico importante para la archidiócesis. Toledo se constituye en la Iglesia metropolitana de la comarca carpetana y, más tarde, de toda la provincia cartaginense, incluyendo bajo su jurisdicción a veinte diócesis sufragáneas. En el año 527 se celebra el segundo concilio toledano, presidido por el obispo Montano. En el año 589 se reúne el tercer concilio toledano, en el cual el rey Recaredo y su esposa Bada, con los obispos, magnates y multitud de eclesiásticos, se convierten al cristianismo, abjurando del arrianismo, y quedando constituida la unidad religiosa de España.

A lo largo del siglo VII, se congregan en Toledo quince concilios más, famosos por las profesiones de fe en ellos formuladas y por las normas disciplinares que allí se acuerdan. A la vez, florecen un número importante de arzobispos, como san Eugenio, san Ildefonso, o san Julián, quienes con su santidad, sus escritos y su actividad pastoral dejarán una profunda huella en la Iglesia toledana. A partir del décimosegundo concilio toledano (681) se reconoce a la metropolitana de Toledo, con unánime beneplácito de todo el episcopado, una particular intervención en la elección y consagración de todos los prelados españoles, dándose con ello origen a la futura primacía eclesiástica.

Dominación árabe (siglos VIII-XI). La ocupación de la península por el ejército árabe (711) y la elección de la ciudad de Córdoba como su capital hizo que la situación política y religiosa de Toledo cambiase. El número de cristianos disminuyó notablemente y se alzó con fuerza la doctrina herética del arzobispo Elipando, impulsando el adopcionismo cristológico.

Los cristianos, que durante la dominación árabe permanecieron fieles a la fe recibida de sus antepasados, comenzaron a ser llamados «mozárabes». Toledo se convirtió entonces en el principal foco de la mozarabía. A pesar de la pactada tolerancia religiosa, el templo basilical fue incautado por los invasores, quienes lo convirtieron en mezquita, conservando los cristianos algunos otros templos, como los de santa Justa, santa Eulalia y santa María de Alfizén, utilizada como basílica episcopal durante la dominación árabe. La jerarquía católica continuó a lo largo de todo el tiempo de dominación árabe. De estos siglos han llegado a nosotros la casi totalidad de los libros litúrgicos del primitivo rito hispano, que comienza ya a denominarse «mozárabe».

La persecución de los mozárabes, a finales del siglo VIII, de sus reliquias y lugares venerados, provocó en Toledo la huida de comunidades enteras, que emigraron hacia las regiones septentrionales llevando consigo los más valiosos recuerdos y restos cristianos que todavía conservaban.

Reconquista (siglos XI-XV). La conquista de Toledo por el rey Alfonso VI, en 1085, tuvo singular resonancia tanto en la cristiandad como en el mundo islámico. El territorio diocesano lo poblarán ahora mozárabes, castellanos y francos, llegados con el ejército vencedor, que convivirán con árabes y judíos. Se devuelve el culto católico a la basílica catedralicia y es elegido como nuevo arzobispo don Bernardo de Cluny, quien impone en la Iglesia de Toledo el rito romano.

Toledo recupera su pasada grandeza y dignidad eclesiástica al conceder Urbano II a su arzobispo, en 1088, el privilegio de la primacía eclesiástica sobre todos los obispos de España, privilegio que será confirmado repetidamente por los papas. La archidiócesis, que vive en un clima de conquista, va ampliando notablemente su territorio, extendiéndose por la región de Alcaraz hasta las fronteras del reino moro de Murcia y, por el sur, hasta las diócesis de Baeza y Córdoba e, incluso, en la de Jaén, al conquistar Quesada y establecerse el Adelantamiento de Cazorla. Al compás de la extensión crecen también las rentas de la archidiócesis toledana. La parte meridional de la provincia fueron ocupándola las diversas Ordenes militares.

El cabildo catedralicio comienza su existencia a principios del siglo XII y los diversos servicios capitulares van apareciendo reflejados en los documentos. La archidiócesis, con sus numerosos arciprestazgos, se parcela para su gobierno en arcedianatos: Toledo, Talavera, Madrid, Alcalá, Guadalajara, Calatrava, Capilla y Alcaraz. Las grandes Ordenes monásticas y mendicantes de varones y de mujeres establecen sus casas en Toledo. Los arzobispos de Toledo, cancilleres mayores de Castilla desde 1206, alcanzan notable influencia política y social, pues sus posesiones y rentas eran extraordinarias. Por la valiosa actividad que desarrollaron merecen destacarse los arzobispos Martín de Pisuerga, Jiménez de Rada, Gil de Albornoz y Pedro Tenorio.

En el orden intelectual merece subrayarse el papel desempeñado por relevantes clérigos toledanos, como Domingo Gundisalvo y Juan Hispano, en el movimiento de traducciones del árabe al latín realizadas desde mediados del siglo XII hasta mediados del siglo XIII, así como la brillante producción literaria de Juan Ruiz, el arcipreste de Hita, autor de «El Libro del Buen Amor», o de Juan Martínez de Toledo, arcipreste de Talavera, autor de «El Corbacho».

Edad Moderna (siglos XVI-XVIII). Territorialmente, la edad moderna es para la archidiócesis de Toledo una época de esplendor. La circunscripción diocesana comprendía por oriente, desde la sierra de Guadarrama hasta el obispado de Jaén; por el Mediodía limitaba con la parte septentrional de
los obispados de Jaén y Córdoba; y, por el oeste, desde Peñalsordo y Capilla, en Badajoz, hasta unirse en el norte con las estribaciones meridionales de la sierra de Guadarrama, por encima de Buitrago. Es decir, que incluía no solo la actual archidiócesis de Toledo, sino también la actual archidiócesis de Madrid y las actuales diócesis de Getafe, Alcalá, Ciudad Real, y parte de las provincias de Guadalajara, Albacete, Jaén, Badajoz, Cáceres y Granada. A ello había que añadir la plaza africana de Orán, conquistada por Cisneros en 1509.

El concilio de Trento marca el renacer de un fortalecimiento teológico y disciplinar en la Iglesia. Para colaborar en esta tarea la archidiócesis de Toledo celebra dos concilios provinciales, en 1565 y 1582. En la catedral, el cardenal Silíceo, no sin gran polémica, establece el Estatuto de Limpieza de Sangre. Trasladada la Corte a Madrid, la ciudad de Toledo pierde categoría ciudadana. Sin embargo la Iglesia de Toledo continuó en todo su esplendor a pesar de la creciente decadencia nacional que se inicia en el reinado de Felipe III.

Los arzobispos que rigieron en este período la sede toledana fueron activas y con frecuencia ejemplares personalidades de la vida nacional. Merecen ser destacados, entre otros: Pedro González de Mendoza, amigo y consejero de los Reyes Católicos, gran mecenas de las artes y fundador del Hospital de Santa Cruz; Francisco Jiménez de Cisneros, reformador y austero prelado, fundador de la Universidad de Alcalá, editor de la Biblia Políglota, restaurador del Rito Mozárabe y Confesor de la Reina Católica; Juan Pardo Tavera, fundador del Hospital de san Juan Bautista; Juan Martínez Silíceo, fundador del Colegio de Doncellas Nobles y del Colegio de Infantes; Bernardo de Sandoval y Rojas, que erigió la capilla del Sagrario y el Ochavo de la catedral; Luis Manuel Fernández Portocarrero, que promulgó unas constituciones sinodales que han estado vigentes casi hasta nuestros días; y Francisco Antonio de Lorenzana, gran propulsor de las ciencias y las artes.

Edad Contemporánea (siglos XIX y XX). El siglo XIX comienza en la archidiócesis toledana con el pontificado del cardenal Luis María Borbón, quien fue también presidente del Consejo de Regencia desde 1813 hasta el regreso de Fernando VII. Con la invasión francesa se inicia un período funesto
para nuestra Iglesia, siendo Toledo la primera ciudad que se levanta contra el invasor. El arzobispo huye de la ciudad y se refugia en Sevilla. Los religiosos son perseguidos y tratados cruelmente, siendo expoliadas las iglesias de sus alhajas y ropas preciosas. La situación se agrava con las medidas desamortizadoras, que descargan un duro golpe sobre la población de los religiosos varones en la archidiócesis, consiguiendo su extinción total, y sobre el inmenso patrimonio de la Iglesia secular. El grave conflicto surgido en las relaciones con la Santa Sede originó una vacante de once años en la sede toledana, desde la muerte del cardenal Inguanzo hasta el nombramiento del cardenal Bonel y Orbe.

En virtud del Concordato de 1851 el arzobispo de Toledo es nombrado Comisario General de Cruzada; se habilita al Seminario Conciliar de Toledo como uno de los cuatro centrales con capacidad para conferir grados mayores en Teología y Cánones; se marcan las líneas para la erección de diócesis, creándose dos nuevas, segregadas del territorio de la de Toledo: Ciudad Real (1877) y Madrid-Alcalá (1885); y se configura la archidiócesis con las sufragáneas de Coria-Cáceres, Cuenca, Plasencia, Sigüenza-Guadalajara, Ciudad Real y Madrid-Alcalá, hasta su elevación esta última a arzobispado por Pablo VI en 1964.

Entre los años 1898 y 1909 es titular de la sede primada el cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás, conocido como «padre de los pobres», que fue beatificado en Toledo el 18 de octubre de 2009.

La persecución religiosa de los años treinta y la guerra civil española desataron la destrucción y el saqueo de numerosos templos y produjo la muerte de 292 sacerdotes diocesanos, de los cuales doce, junto con un subdiácono, fueron beatificados el 28 de octubre de 2007. Establecida la paz, los arzobispos iniciaron una lenta, pero eficaz labor de reconstrucción material y espiritual.

Con la segregación de las diócesis de Coria-Cáceres y Plasencia a la nueva Archidiócesis de Mérida-Badajoz, creada por Juan Pablo II en 1994, y la incorporación de la diócesis de Albacete, con la sufragáneas de Cuenca, Ciudad Real, Sigüenza-Guadalajara y Albacete, queda definitivamente configurada la Provincia Eclesiástica de Toledo.

LOS ARZOBISPOS DE TOLEDO

  1. [Eugenio (s. I)].
  2. Melancio (c.300).
  3. Patruino (325-335).
  4. Toribio (335-345).
  5. Quinto (345-355).
  6. Vicente (355-365).
  7. Paulato (365-375).
  8. Natal (375-385).
  9. Audencio (385-395).
  10. Asturio (395-412).
  11. Isicio (412-427).
  12. Martín (427-440).
  13. Castino (440-454).
  14. Campeyo (454-467).
  15. Sinticio (467-482).
  16. Praumato (482-494).
  17. Pedro (494-508).
  18. Celso ( -c.520)
  19. Montano (521-531).
  20. Julián.
  21. Bacauda.
  22. Pedro.
  23. Eufemio.
  24. Exuperio.
  25. Adelfio.
  26. Conancio.
  27. Aurasio (c.603-615).
  28. Eladio (615-633).
  29. Justo (633-636).
  30. Eugenio (636-646).
  31. Eugenio (646-657).
  32. Ildefonso (657-667).
  33. Quirico (667-680).
  34. Julián (680-690).
  35. Sisberto (690-693).
  36. Félix (694-c.700).
  37. Gunderico (c.700-710).
  38. Sinderedo (711- ).
  39. Sunieredo.
  40. Concordio.
  41. Cixila (745-754).
  42. Elipando (754-c.800).
  43. Gumesindo ( -c.828).
  44. Wistremiro ( -c.858).
  45. Bonito (859-c.892).
  46. Juan (892-926).
  47. Ubayd Allah ben Qasim.
  48. Pascual (1058-c.1080).
  49. Bernardo de Cluny (1086-1124).
  50. Raimundo (1124-1152).
  51. Juan (1152-1166).
  52. Cerebruno (1167-1180).
  53. Pedro de Cardona (1181-1182.
  54. Gonzalo Petrez (1182-1191).
  55. Martín López de Pisuerga (1192-1208).
  56. Rodrigo Jiménez de Rada (1209-1247).
  57. Juan Medina de Pomar (1248).
  58. Gutierre Ruiz Dolea (1249-1250).
  59. Sancho, Infante de Castilla (1251-1261).
  60. Domingo Pascual (1262-1265).
  61. Sancho de Aragón (1266-1275).
  62. Fernando Rodríguez de Covarrubias (1276-1280).
  63. Gonzalo García Gudiel (1280-1299).
  64. Gonzalo Díaz Palomeque (1299-1310).
  65. Gutierre Gómez de Toledo (1310-1319).
  66. Juan, Infante de Aragón (1319-1328).
  67. Jimeno de Luna (1328-1338).
  68. Gil Álvarez de Albornoz (1338-1350).
  69. Gonzalo de Aguilar (1351-1353).
  70. Blas Fernández de Toledo (1353-1362).
  71. Gómez Manrique (1362-1375).
  72. Pedro Tenorio (1377-1399).
  73. Pedro de Luna (1403-1414).
  74. Sancho de Rojas (1415-1422).
  75. Juan Martínez de Contreras (1423-1434).
  76. Juan de Cerezuela (1434-1442).
  77. Gutierre Álvarez de Toledo (1442-1445).
  78. Alfonso Carrillo de Acuña (1446-1482).
  79. Pedro González de Mendoza (1482-1495).
  80. Francisco Jiménez de Cisneros (1495-1517).
  81. Guillermo de Croy (1517-1521).
  82. Alonso de Fonseca (1523-1534).
  83. Juan Pardo Tavera (1534-1545).
  84. Juan Martínez Silíceo (1545-1557).
  85. Bartolomé Carranza y Miranda (1558-1576).
  86. Gaspar de Quiroga y Vela (1577-1594).
  87. Alberto, Archid. de Austria (1595-1598).
  88. García Loaysa y Girón (1598-1599).
  89. Bernardo de Sandoval y Rojas (1599-1618).
  90. Fernando de Austria (1620-1641).
  91. Gaspar de Borja y Velasco (1645).
  92. Baltasar Moscoso y Sandoval (1646-1665).
  93. Pascual de Aragón (1666-1677).
  94. Luis Manuel Fernández Portocarrero (1677-1709).
  95. Francisco Valero y Losa (1715-1720).
  96. Diego de Astorga y Céspedes (1720-1724).
  97. Luis de Borbón y Farnesio (1735-1754).
  98. Luis Fernández de Córdoba (1755-1771).
  99. Francisco Antonio de Lorenzana (1772-1800).
  100. Luis María de Borbón y Villabriga (1800-1823).
  101. Pedro Inguanzo y Rivero (1824-1836).
  102. Juan José Bonel y Orbe (1849-1857).
  103. Cirilo Alameda y Brea (1857-1872).
  104. Juan Ignacio Moreno y Maisonave (1875-1884).
  105. Ceferino González y Díaz-Tuñón (1885-1886).
  106. Miguel Payá y Rico (1886-1891).
  107. Antolín Monescillo y Viso (1892-1898).
  108. Ciriaco María Sancha y Hervás (1898-1909).
  109. Gregorio Aguirre García (1909-1913).
  110. Victoriano Guisasola y Menéndez (1913-1920).
  111. Enrique Almaraz y Santos (1920-1921).
  112. Enrique Reig y Casanova (1922-1927).
  113. Pedro Segura y Sáenz (1927-1931).
  114. Isidro Gomá y Tomás (1933-1940).
  115. Enrique Pla y Deniel (1941-1968).
  116. Vicente Enrique y Tarancón (1969-1972).
  117. Marcelo González Martín (1972-1995).
  118. Francisco Álvarez Martínez (1995-2002).
  119. Antonio Cañizares Llovera (2002- 2009).
  120. Braulio Rodríguez Plaza (2009-2019).
  121. Francisco Cerro Chaves (2020).

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