Llamamiento para la Colecta de los cristianos en la Tierra Santa

Carta del prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales

26 de febrero de 2020
Miércoles de Ceniza

Excelencia Reverendísima:

 «Jesús estará en agonía hasta el final del mundo; no hay que dormir durante este tiempo» (Blaise Pascal, Pensamientos, 553). La frase de Pascal nos recuerda el misterio de la lucha y del sufrimiento del Redentor, que precisamente el año litúrgico y de modo especial la Semana Santa y el Triduo Sacro nos hacen celebrar y actualizar. Pero es una afirmación que subraya también el hecho de que Cristo se identifica con la agonía y el sufrimiento de quienes en la historia parecen no conocer sino un interminable Viernes Santo: las personas afligidas por la soledad, la guerra y el hambre, por el rechazo y el abandono.

El Papa Francisco en la oración pronunciada al final del vía crucis en el Coliseo, el 19 de abril de 2019, fijando la mirada en los males y dolores del mundo, pone esas cruces en la Cruz de Jesús: «la cruz de las personas hambrientas de pan y de amor; la cruz de las personas solas y abandonadas incluso por sus propios hijos y parientes; la cruz de los pueblos sedientos de justicia y paz; la cruz de las personas que no tienen el consuelo de la fe; la cruz de los ancianos que se arrastran bajo el peso de los años y de la soledad; la cruz de los migrantes que encuentran puertas cerradas por miedo y corazones blindados por cálculos políticos; la cruz de los pequeños, heridos en su inocencia y en su pureza; la cruz de la humanidad que vaga en la oscuridad de la incertidumbre y en la oscuridad de la cultura de lo momentáneo». Y concluye: «Señor Jesús, reaviva en nosotros la esperanza de la resurrección y de tu victoria definitiva contra todo mal y toda muerte».

La Tierra Santa es el lugar físico en el que Jesús ha vivido esta agonía y este sufrimiento transformándolos en acción redentora gracias a un amor infinito. En Getsemaní lo hace hasta sudar sangre. En el Cenáculo, la ofrenda de sí mismo que realizará en la Cruz, la anticipa a través del don de la Eucaristía, pero también a través del lavado de los pies y del mandamiento del amor fraterno. A lo largo de la Vía Dolorosa aún podemos imaginar los lugares del doble proceso y de la condena de Jesús. Podemos verle mientras recorre el camino llevando la Cruz ayudado por el Cirineo, y llegar al Gólgota para ser clavado, y entregarse en las manos del Padre confiandonos a María, y morir colocado en un sepulcro nuevo y vacío de donde resucitará al tercer día.

La Tierra Santa, y de modo particular la comunidad cristiana que allí reside, siempre ha ocupado un lugar importante y especial en el corazón de la Iglesia universal. Esta –como recuerda San Pablo–, en el momento en que se empeña en expresar su solidaridad, también económica, con Jerusalén, cumple un acto de restitución: de Jerusalén, en efecto, toda la Iglesia ha recibido el don y la alegría del Evangelio y de la salvación en «Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza» (2 Cor, 8,9). Y es la conciencia del don recibido la que mueve de nuevo a dar con alegría y generosidad.

Bien saben ustedes lo duras que han sido las pruebas sufridas a lo largo de los siglos por la Iglesia que vive en Tierra Santa y en todo el Medio Oriente. Esas pruebas aún no han terminado, como lo muestra la tragedia de la continua y progresiva reducción del número de fieles locales, con el consiguiente riesgo de ver desaparecer las diversas tradiciones cristianas que vienen de los primeros siglos. Largas y destructivas guerras han producido y continúan produciendo millones de refugiados y condicionan fuertemente el futuro de enteras generaciones, que se ven privadas de los bienes más elementales, como el derecho a una paz justa, a una infancia tranquila, a una instrucción escolar orgánica, a una juventud dedicada a la búsqueda de un trabajo, a la formación de una familia, al descubrimiento de la propia vocación, a una vida adulta fructífera y digna, a una vejez serena.

La Iglesia sigue trabajando por la salvaguardia de la presencia cristiana y por dar voz a quien no la tiene. Lo hace, ciertamente, en el campo pastoral y litúrgico, que es fundamental para la vida de nuestras pequeñas comunidades. Pero continúa también, en modo serio, en su empeño por garantizar una educación de calidad a través de las escuelas, que son fundamentales para conservar la identidad cristiana y para construir una convivencia fraterna, especialmente con los musulmanes, según las indicaciones contenidas en la “Declaración de Abu Dabi”. Gracias a la generosidad de los fieles de todo el mundo, la Iglesia continúa poniendo una casa a disposición de los jóvenes que quieren formar una nueva familia y continúa creando oportunidades de trabajo. Sigue dando también una ayuda material concreta allí donde se presentan formas de pobreza endémica, o bien, necesidades sanitarias y emergencias humanitarias unidas a los flujos de refugiados y de trabajadores migrantes extranjeros.

También el cuidado de los Santuarios, que resultaría imposible sin la Colecta “pro Terra Sancta”, es de fundamental importancia, tanto porque estos son el lugar material que conserva la memoria de la divina revelación, del misterio de la encarnación y de nuestra redención, como también porque en esos lugares la comunidad cristiana local encuentra los fundamentos de su propia identidad. En torno a los santuarios y gracias a su presencia, encuentran un trabajo digno muchos de los fieles cristianos dedicados a acoger a los millones de peregrinos que en estos últimos años llegan, cada vez más numerosos, para visitar los Santos Lugares.

A usted, a los sacerdotes, a los consagrados y a los fieles, que se esfuerzan por el buen resultado de la Colecta, con fidelidad a una obra que la Iglesia pide cumplir a todos sus hijos según las modalidades conocidas, tengo la alegría de transmitirles el vivo reconocimiento del Santo Padre Francisco. Y mientras invoco copiosas bendiciones divinas para esa Diócesis, les saludo fraternalmente en el Señor Jesús.

Suyo devotíssimo
Leonardo Card. Sandri
Prefecto

La Colecta “pro Terra Santa”

CONGREGACIÓN PARA LAS IGLESIAS ORIENTALES

Año 2019

Introducción

La «Colecta para Tierra Santa» nace de la voluntad de los Papas de mantener fuerte el vínculo entre todos los cristianos del mundo y los Santos Lugares. Tradicionalmente efectuada el Viernes Santo, es la principal fuente de sustento de la vida que se desarrolla alrededor de los Santos Lugares; también es el instrumento que la Iglesia se ha dado para estar al lado de las comunidades eclesiales de Oriente Medio. En tiempos más recientes, el Papa Pablo VI, a través de la Exhortación Apostólica «Nobis in Animo» (25 de marzo de 1974), dio un impulso decisivo a favor de la Tierra Santa.

La Custodia Franciscana a través de la Colecta puede sostener y proseguir la importante misión a la que está llamada: custodiar los Santos Lugares, las piedras de la memoria, y fomentar la presencia cristiana, las piedras vivas de la Tierra Santa, a través de numerosas actividades de solidaridad, como el mantenimiento de las estructuras pastorales, educativas, asistenciales, sanitarias y sociales.

Los territorios que se benefician en diferentes formas de la ayuda procedente de la Colecta son los siguientes: Jerusalén, Palestina, Israel, Jordania, Chipre, Siria, Líbano, Egipto, Etiopía, Eritrea, Turquía, Irán e Irak.

Por regla general, la Custodia de Tierra Santa recibe el 65% de la Colecta, mientras que el 35% restante va a la Congregación para las Iglesias Orientales, que lo utiliza para la formación de los candidatos al sacerdocio, el sustento del clero, la actividad escolástica, la formación cultural y las subvenciones a las diversas circunscripciones eclesiásticas de Oriente Medio.

Informamos, en síntesis, de lo que la Congregación recibió en 2019 y de cómo se distribuyó:

Ofertas  de 2019 para la Colecta de Tierra SantaUS$ 6.929.209,64
Ofertas  de 2019 de la Custodia para los años anterioresUS$ 1.350.000,00
TotalUS$ 8.279.209,64

Formación académica, espiritual y humana de los seminaristas y sacerdotes de las Iglesias bajo la jurisdicción de la Congregación para las Iglesias Orientales

Gracias a la Colecta  es posible efectuar donativos a seminarios, casas religiosas de formación e instituciones culturales en los territorios de competencia, sosteniendo de diversas formas (becas, tasas universitarias y cualquier otra necesidad sanitaria) también en Roma, a jóvenes seminaristas y sacerdotes, religiosos y religiosas y, de forma compatible con los fondos disponibles, a algunos laicos. El nuevo colegio, que se abrió hace cuatro años para acoger a religiosas procedentes de diferentes países del Este, este año tiene 32 estudiantes. Hay unos 300 estudiantes, que se benefician de la beca, alojados en 7 colegios de competencia del Dicasterio.

Además, el Dicasterio contribuye al sustento del Pontificio Instituto Oriental, una institución académica superior con dos facultades, Ciencias Eclesiásticas Orientales y Derecho Canónico Oriental, de la que el cardenal prefecto es Gran Canciller.

Formación de los seminaristas, sacerdotes y monjas en Roma, Mantenimiento  de los Colegios US$  2.310.681,00 
Pontificio Instituto Oriental (PIO)US$     915.571,00  
Subvenciones extraordinarias para la colaboración culturalUS$       50.000,00
TotalUS$  3.276.252,00  

Subvenciones para actividades escolares

La diócesis patriarcal de Jerusalén, la Custodia Franciscana, las Iglesias Orientales de Tierra Santa y los Institutos Religiosos están comprometidos con la formación escolar de los jóvenes en Tierra Santa. Teniendo en cuenta las circunstancias particulares en las que se encuentran los estudiantes cristianos y la llegada de miles de niños en edad escolar de Siria e Irak a Tierra Santa, la Congregación para las Iglesias Orientales ha decidido aumentar la suma de las subvenciones para el año académico en curso.

También es notable la labor de la Secretaría de Solidaridad en la coordinación y distribución de subvenciones a las instituciones educativas gestionadas por las instituciones mencionadas.

Una de las prestigiosas fundaciones que ofrece formación académica es la Bethlehem University. Casi 3.300 jóvenes, la mayoría musulmanes palestinos, se forman intelectual y humanamente con la esperanza de comprometerse en la construcción de un país donde reine el respeto mutuo y se defienda la dignidad humana. Es de apreciar el esfuerzo de los Hermanos de La Salle para el funcionamiento de la Universidad.

Secretaría de SolidaridadUS$   990,000.00
Escuolas Patriarcado Latino de JerusalénUS$    850,000.00
Bethlehem UniversityUS$ 1,200,000.00
TotalUS$  3.040.000,00

Subvenciones ordinarias y extraordinarias

Esta Congregación contribuye a sostener a las Iglesias puestas bajo su competencia, con los fondos de la Colecta de Tierra Santa.

El Oriente Medio sigue viviendo en la inestabilidad y la tensión. Los que no tienen comida, los que no tienen atención médica, los que no tienen escuela, los huérfanos, los heridos y las viudas elevan sus voces. La Congregación presta especial atención a las necesidades de estas personas y lleva a cabo las obras de reestructuración a través de las diócesis orientales y latinas del lugar y también solicitando la colaboración de los organismos católicos en los países mencionados. Garantizar los medios necesarios para una vida digna a los que regresan a Irak y a Siria y a los refugiados en países vecinos como el Líbano y Jordania requiere la colaboración de todas las personas de buena voluntad. Además, también se fomenta la actividad cultural, espiritual y psicológica que de alguna manera acerca a las personas, a pesar de las diferencias religiosas y étnicas.

JerusalénUS$ 339.100,00
JordaniaUS$   38.000,00
IrakUS$ 153.000,00
LíbanoUS$ 244.000,00
TurquíaUS$ 175.000,00
SiriaUS$ 296.000,00
IránUS$   78.000,00
EgiptoUS$ 271.000,00
EtiopíaUS$ 178.000,00
EritreaUS$ 148.000,00
TotalUS$ 1.920.100,00

Conclusión

La generosidad de los fieles católicos, expresada por  la Colecta , hacia sus hermanos y hermanas de Oriente Medio puede resolver muchos problemas, pero la oración y el apoyo moral son todavía más necesarios. Por lo tanto, se invita a «adoptar», aunque no se sepa su nombre, a un cristiano de Oriente Medio, y a rezar por él durante todo el año 2020. Como dijo el Papa Francisco durante la audiencia concedida a los participantes de la Riunione Opere Aiuto Chiese Orientali (ROACO) en junio de 2019, el grito de muchos de los que en estos años “se han visto robar la esperanza» debe llegar a nuestros oídos para abrir nuestros corazones y ser solidarios con ellos, manifestando “el rostro de la Iglesia y contribuyendo a darle vida, en particular alimentando la esperanza para las generaciones jóvenes”».  

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