Subsidio litúrgico para la Solemnidad de la Ascensión del Señor

Subsidio litúrgico
para la sede presidencial

VII Domingo de Pascua

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

La Ascensión de Cristo es nuestra victoria, porque con Él, que es nuestra Cabeza, esperamos llegar al cielo como miembros de su Cuerpo (cf. oración colecta). Jesús Resucitado está sentado a la derecha del Padre y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin (primera y segunda lectura). Y mientras llega el día de su venida, la Iglesia tiene que cumplir su misión de evangelizar, bautizar y enseñar a guardar todo lo que nos ha mandado, sabiendo que Él estará con nosotros hasta el final de los tiempos (Evangelio). Esto nos debe llenar de esperanza en medio de las dificultades que supone la evangelización.

Color: blanco.
Misal Romano: Antífonas y oraciones propias (la Misa de la vigilia tiene formulario propio), Gloria, Credo, prefacio I ó II de la Ascensión, embolismos propios en las plegarias eucarísticas. No se puede decir la plegaria eucarística IV.
Leccionario: volumen I (A).
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Misa de la vigilia

Esta misa se puede utilizar la tarde anterior a la solemnidad, antes o después de las primeras Vísperas de la Ascensión.

Antífona de entrada (Cf. Sal 67, 33. 35)

Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad al Señor que asciende a lo más alto de los cielos; su majestad y su poder sobre las nubes. Aleluya.

Monición de entrada

Hermanos y hermanas, como a sus primeros discípulos, también a nosotros nos ha convocado hoy Cristo Jesús, para que vivamos en la fe el acontecimiento que celebramos: la Ascensión del Señor, cuando fue elevado a la gloria. Para la Iglesia naciente comienza un tiempo nuevo: la tarea misionera y la espera del Espíritu Santo como nuestro guía y defensor.

Acto penitencial

Todo como en el Ordinario de la Misa. Para la tercera fórmula pueden usarse las siguientes invocaciones:

  • Tú, que eres el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza: Señor, ten piedad.
    R/. Señor, ten piedad.
  • Tú, que nos edificas como piedras vivas en el templo santo de Dios: Cristo, ten piedad.
    R/. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que has ascendido a la derecha del Padre para enviarnos el don del Espíritu: Señor, ten piedad.
    R/. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Oremos.
Oh, Dios, cuyo Hijo asciende hoy a los cielos
en presencia de los apóstoles,
concédenos, según su promesa,
que permanezca siempre con nosotros en la tierra
y que nosotros merezcamos vivir con él en el cielo.
Él, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Se dice Credo.

Oración de los fieles

Elevemos nuestra oración al Padre celestial, por mediación de su Hijo Jesucristo, ascendido al cielo y constituido Pontífice y Mediador de la Iglesia.

  • Para que desde el trono de su gloria mire con amor a su Iglesia que lucha aún en este mundo y peregrina hacia el reino eterno, y le conceda la unidad, la libertad y la paz. Roguemos al Señor.
  • Para que en todas las naciones reine la justicia, la concordia y el amor. Roguemos al Señor.
  • Para que, sentado a la derecha del Padre, enjugue las lágrimas de los que sufren, escuche sus ruegos y cumpla sus deseos. Roguemos al Señor.
  • Para que justificados por nuestra fe en el Señor y purificados en su sangre, merezcamos el reino prometido. Roguemos al Señor.

Mira, Dios todopoderoso,
al pueblo que implora tu misericordia,
y pues solo confía en tu bondad,
haz que pueda gloriarse siempre de tus beneficios.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la comunión

Oremos.
Señor, los dones que hemos recibido de tu altar,
enciendan en nuestros corazones el deseo de la patria del cielo
y nos hagan llegar,
siguiendo los pasos de nuestro Salvador,
allí donde él nos ha precedido.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición solemne

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

El diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote dice esta invitación:

Inclinaos para recibir la bendición.

Dios todopoderoso, por medio de su Hijo,
que ascendió hoy a lo alto de los cielos
y os abrió el camino para seguirle hasta su reino,
os colme de bendiciones.

R/. Amén.

Jesucristo, que después de su resurrección
se manifestó visiblemente a sus discípulos,
se os manifieste también como Juez benigno
cuando vuelva para juzgar al mundo.

R/. Amén.

Y a quienes confesáis que está sentado a la derecha del Padre
os conceda la alegría de sentir que, según su promesa
 está con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/. Amén.

Misa del día

Antífona de entrada (Hch 1, 11)

Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Volverá como lo habéis visto marcharse al cielo. Aleluya.

Monición de entrada

Hermanos y hermanas, como a sus primeros discípulos, también a nosotros nos ha convocado hoy Cristo Jesús, para que vivamos en la fe el acontecimiento que celebramos: la Ascensión del Señor, cuando fue elevado a la gloria. Para la Iglesia naciente comienza un tiempo nuevo: la tarea misionera y la espera del Espíritu Santo como nuestro guía y defensor.

Este Domingo se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, esas que nos han acercado a los nuestros y además han posibilitado alimentarnos del diario pan de la Palabra y seguir celebrando la fe en comunidad. El lema de este año: “Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2). La vida se hace historia”, es certero, sensato y nos invita ver la historia que se ha fraguado con lo vivido, que ha quedado grabado en la memoria, ciertamente. Por ello, comenzamos la Eucaristía trayendo toda esta historia vivida y compartida que Jesús hace suya.

Monición al Gloria

Se dice Gloria. Puede introducirse con la siguiente monición.

Cantemos (recitemos) el himno de alabanza, invocando a Dios Padre y a Jesucristo, el Señor, sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros.

Oración colecta

Oremos.
Dios todopoderoso,
concédenos exultar santamente de gozo
y alegrarnos con religiosa acción de gracias,
porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo,
es ya nuestra victoria,
y adonde ya se ha adelantado gloriosamente nuestra Cabeza,
esperamos llegar también los miembros de su cuerpo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

O bien:

Oremos.
Dios todopoderoso,
concédenos habitar espiritualmente
en las moradas celestiales
a cuantos creemos que tu Unigénito y Redentor nuestro
ascendió hoy a la gloria.
Él, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Monición al Credo

Se dice Credo. Puede introducirse con la siguiente monición.

Confesamos nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la unidad de la santa Iglesia.

Oración de los fieles

Dirijamos nuestras súplicas al Señor Jesús, mediador nuestro, sentado a la derecha del Padre, que vive y reina para siempre, intercediendo por nosotros.

  • Para que asista continuamente a su Iglesia, a la que ha encomendado la misión de proseguir el anuncio del Evangelio hasta su venida gloriosa. Roguemos al Señor.
  • Para que inspire a los que gobiernan las naciones sentimientos de paz y de justicia. Roguemos al Señor.
  • Para que consuele y de fortaleza a los enfermos y a todos los que sufren en este mundo, de manera que se sientan confortados con la fuerza poderosa del que ha vencido el dolor y la muerte. Roguemos al Señor.
  • Para que los comunicadores sociales no perviertan con la falsedad el don precioso de la realidad que nos rodea y sepan trasmitir la paz, verdadera noticia, sin impregnarla de nada que le reste verdad. Roguemos al Señor.
  • Para que ilumine los ojos de nuestro corazón, y así comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama y la riqueza de gloria que nos ha prometido en herencia. Roguemos al Señor.

Señor Jesús,
que estás sentado a la derecha del Padre
como Mediador nuestro,
escucha nuestras súplicas
y ruega al Padre por nosotros,
ya que ponemos toda nuestra confianza en ti.
Tú, que vives y reinas, inmortal y glorioso,
con el Padre y el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.

Oración después de la comunión

Oremos.
Dios todopoderoso y eterno,
que, mientras vivimos aún en la tierra,
nos concedes gustar los divinos misterios,
te rogamos que el afecto de nuestra piedad cristiana
se dirija allí donde nuestra condición humana está contigo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

El diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote dice esta invitación:

Inclinaos para recibir la bendición.

Dios todopoderoso, por medio de su Hijo,
que ascendió hoy a lo alto de los cielos
y os abrió el camino para seguirle hasta su reino,
os colme de bendiciones.

R/. Amén.

Jesucristo, que después de su resurrección
se manifestó visiblemente a sus discípulos,
se os manifieste también como Juez benigno
cuando vuelva para juzgar al mundo.

R/. Amén.

Y a quienes confesáis que está sentado a la derecha del Padre
os conceda la alegría de sentir que, según su promesa
 está con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/. Amén.

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