La fe no nos quita el dolor, pero la Virgen no nos desampara

27 de mayo de 2020.- El obispo de Ciudad Real, Mons. D. Gerardo Melgar Viciosa, presidió este año toda la novena a la Virgen del Prado que se ha celebrado entre el 17 y el 25 de mayo, marcada por la oración contra la pandemia.

El primer día de la novena, el 17 de mayo, la provincia se encontraba todavía en Fase 0 de desescalada, por lo que el rosario y la misa se celebraron en la Catedral a puerta cerrada. Para posibilitar la oración de todos los fieles, toda la novena se retransmitió a través de los canales de Facebook y Youtube.

El 18 de mayo, ya en Fase 1, se pudo ocupar un tercio de la Catedral, con la imagen de la Virgen del Prado luciendo un crespón negro por todas las víctimas de la pandemia.

El obispo, don Gerardo Melgar, presidió todas las misas, acompañado por dos sacerdotes, Bernardo Torres y Juan Carlos Fernández de Simón. Recordó en sus predicaciones los momentos duros por los que está pasando el país, animando a la fe a todos los fieles para que de la pandemia salgamos con una fe fuerte y comprometida con los demás.

El primer día de la novena, don Gerardo habló de la contemplación de «María como modelo de creyente», para que todos los cristianos vivamos «como ella», sabiendo que «no vivió para otra cosa que para amarle a Él, cumplir sus planes y responder con generosidad a lo que Dios le pedía en cada momento».

«Nuestra confianza en el Señor no debe menguar porque Él siempre cuida de nosotros. […] Que cuide de nosotros no quiere decir que no haya en nuestra vida momentos duros, difíciles, de dolor y de aflicción»

Al día siguiente, 18 de mayo, ya con fieles en la catedral, el obispo habló del «testimonio, que hoy es importante de manera especial». Los grandes discursos frecuentemente no se corresponden con la realidad de la vida de quienes los pronuncian, explicó. «El Señor nos ha enseñado a sus seguidores a que vivamos el estilo de vida que Él ha venido a comunicarnos», un estilo de vida con amor a Dios y amor a los hermanos, con Dios como el centro de nuestra vida».

El martes, dedicó la predicación, siguiendo las lecturas del día, puso a los apóstoles Pablo y Silas como modelo de confianza y esperanza en el Señor, incluso en los momentos malos: «Nuestra confianza en el Señor no debe menguar porque Él siempre cuida de nosotros. […] Que cuide de nosotros no quiere decir que no haya en nuestra vida momentos duros, difíciles, de dolor y de aflicción». Pero es justo en estos momentos cuando más debemos expresar y vivir la confianza en el Señor.

Continuando con la novena a la Virgen del Prado, el miércoles don Gerardo habló del Espíritu Santo, que «ilumina, guía y nos orienta para entender a Cristo y seguir sus huellas». Sobre esto, dijo que la estabilidad de la Iglesia, la seguridad, está en la guía del Espíritu. Durante la predicación subrayó en todo momento el ánimo del Espíritu que nos hace entender el Evangelio y hace que la Iglesia llegue hasta los confines del mundo para predicar el mensaje del Señor.

El jueves comparó el mensaje del mundo y el mensaje de Cristo desde las Bienaventuranzas, mensajes en muchos casos opuestos. Partiendo de esta comparación, habló sobre las paradojas del evangelio, que ofrece la alegría tras el sufrimiento, la compañía tras la soledad. En cuanto a la situación actual de pandemia, ofreció la fe como forma de vivir este momento con esperanza, poniendo como ejemplo a la Virgen María, la «mujer fuerte, que supo estar al pie de la cruz, donde su hijo moría. Pero lo pudo hacer porque sentía la confianza en el Señor». De la tristeza, María pasó al gozo del encuentro con el resucitado, como nos ocurre a nosotros si creemos. «Tenemos que seguir mirando a María […]. No podemos perder la esperanza y la confianza en Él [el Señor] ni en la meta a la que el Señor nos ha llamado», dijo.

El sexto día de la novena se refirió a la alegría cristiana, en la línea del evangelio. «Nuestra tristeza se va a tornar en verdadera alegría. Una alegría de la que María es modelo», y en la que debemos fijarnos para entender que la fuente de su alegría solo es Dios. Ella nos enseña con su ejemplo a valorar la acción de Dios en nosotros. Pidió a la Virgen que nos enseñe a ser agradecidos con el Señor y a darnos cuenta de que no podemos prescindir de Él para estar alegres.

El sábado se celebró la misa de la vigilia de la Ascensión del Señor, en la que habló de la oración, recordando la confianza que debemos tener en el Señor creyendo sus promesas. «Cuando no conseguimos lo que pedimos desconfiamos de la oración y abandonamos», dijo, explicando que orar es «pedirle al Señor que nos ayude a descubrir y a aceptar los planes suyos sobre nosotros para cumplirlos».

El día de la Ascensión, octava jornada de la novena, don Gerardo se refirió a la necesidad de la misión que nos encomendó el Señor: «Hay un mundo entero al que hay que hacerle el anuncio de la Buena Noticia». Ser cristianos, explicó, «es luchar por encontrar el equilibrio entre mirar al cielo y estar en la tierra viviendo los valores del evangelio y del cielo». Y en este equilibrio, debemos transformar el mundo con los criterios de Dios, haciendo el mundo mejor.

«En junio de 1763, el ayuntamiento y el cabildo hicieron un acuerdo para que el 25 de mayo de todos los años se celebrara festivamente y con devoción la aparición de Nuestra Señora del Prado»

El 25 de mayo se celebró la misa con la que concluye la novena y que conmemora la aparición de la Virgen del Prado en 1088, una eucaristía en la que se renueva el voto de la ciudad a la Virgen, como recordó don Gerardo en la homilía. «En junio de 1763, el ayuntamiento y el cabildo hicieron un acuerdo para que el 25 de mayo de todos los años se celebrara festivamente y con devoción la aparición de Nuestra Señora del Prado, su patrona, fundadora y restauradora de las dos Castillas que, hasta entonces, era celebrada solamente por sus particulares devotos». Dijo que hay una doble finalidad en la celebración de esta fiesta: por un lado, agradecer la presencia de la Virgen entre nosotros y los beneficios que su presencia nos otorga y, en segundo lugar, «solicitar de ella su protección y amparo, porque ella está dispuesta siempre a acogernos bajo su manto maternal, protegiéndonos de todo peligro y ofreciéndonos su intercesión ante su hijo para que sepamos responderle».

Se refirió a la pandemia, y a la oración que se ha elevado durante toda la novena a la Virgen del Prado para que Dios nos ayude en estos momentos. Recordó de manera especial a todos los difuntos y a sus familiares: «La fe no nos quita el dolor, pero la Virgen, que no nos desampara, nos ha ayudado y nos ayuda a encajar y a asumir el dolor con un talante de esperanza, sabiendo que nuestros seres queridos ya gozan de la otra vida, de la presencia de Dios y de su santísima madre, y nos alienta a nosotros a vivir cada día más de acuerdo con las exigencias de nuestra fe, para que un día podamos gozar para siempre de la felicidad que el Señor promete a los que son fieles».

Como cada día de la novena, la misa concluyó con el canto de la Salve y del himno a la Virgen del Prado, con la ayuda del sacerdote Felipe Muñoz, que dirigió los cantos, y del organista Pedro Pablo López Hervás.

DIÓCESIS DE CIUDAD REAL

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