Subsidio litúrgico para el Domingo de Pentecostés

Subsidio litúrgico
para la sede presidencial

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Celebramos el nacimiento de la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, el pueblo de la Alianza nueva y eterna, no escrita en tablas de piedra, sino en nuestros corazones por el Espíritu que hemos recibido. Un pueblo del que están llamados a formar parte gentes de todo pueblo, raza y nación, bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo (segunda lectura misa del día). Un pueblo diverso pero con un lenguaje común, el del Espíritu Santo, el amor de Dios derramado en nosotros (primera lectura misa del día). Un Espíritu que procede del Padre y del Hijo y que fue dado por Cristo a los apóstoles para que perdonaran los pecados (Evangelio misa del día).

Color: rojo.
Misal Romano: Antífonas y oraciones propias (la misa de la vigilia tiene formulario propio), Gloria, Credo, prefacio propio, embolismos propios en las plegarias eucarísticas. No se puede decir la plegaria eucarística IV. Despedida con doble «Aleluya».
Leccionario: volumen I (A) (la misa de la vigilia tiene lecturas propias).
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Misa de la vigilia

Para la celebración de la vigilia de Pentecostés de forma más extensa, todo como en el Misal Romano. Si las I Vísperas preceden inmediatamente a la misa, la celebración puede comenzar por el versículo introductorio y el himno «Ven, Espíritu divino», o bien por el canto de entrada con la procesión de entrada y el saludo del celebrante, omitiendo en uno y otro caso el rito penitencial (cf. OGLH, nn. 94 y 96). Luego sigue la salmodia de Vísperas hasta la lectura breve exclusive. A continuación, el sacerdote dice la oración colecta (la segunda de la misa de la vigilia). Después de la comunión se canta el Magnificat con su antífona; luego se dice la oración después de la comunión y lo demás, del modo acostumbrado.

Antífona de entrada (Cf. Rom 5, 5; 8, 11)

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

Monición de entrada

Hoy, solemnidad de Pentecostés, celebramos la culminación de la Pascua. El Señor Jesús nos envía desde el Padre el don de su Espíritu: el Espíritu Santo que los profetas anunciaron y Cristo nos prometió; el Espíritu Santo que dio a la Iglesia naciente su primer impulso y constantemente actúa en ella. El Espíritu Santo que nos da el convencimiento de la fe y nos congrega en la unidad; que llena el universo con su presencia y promueve la verdad, la bondad y la belleza; que alienta en la humanidad la firme esperanza de una tierra nueva.

Acto penitencial

Todo como en el Ordinario de la Misa. Para la tercera fórmula pueden usarse las siguientes invocaciones:

 Tú, que por el Espíritu mueves nuestros corazones a la fe: Señor ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

 Tú que has enviado al Espíritu para hacer de nosotros un solo pueblo: Cristo, ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.

– Tú, que guías a la Iglesia por tu Espíritu: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.

Monición al Gloria

Se dice Gloria. Puede introducirse con la siguiente monición.

Cantemos (recitemos) el himno de alabanza invocando a Jesucristo, el Señor, sentado a la derecha del padre para interceder por nosotros.

Oración colecta

Oremos.
Dios todopoderoso y eterno,
que has querido que el Misterio pascual
se actualizase bajo el signo sagrado de los cincuenta días,
haz que los pueblos dispersos en la diversidad de lenguas
se congreguen, por los dones del cielo,
en la única confesión de tu nombre.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

O bien:

Oremos.
Dios todopoderoso,
brille sobre nosotros el resplandor de tu gloria
y que tu luz fortalezca,
con la iluminación del Espíritu Santo,
los corazones de los renacidos por tu gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Monición al Credo

Se dice Credo. Puede introducirse con la siguiente monición.

Proclamemos nuestra fe en Dios Padre, por Jesucristo, su Hijo, en la unidad del Espíritu Santo.

Oración de los fieles

Oremos a Dios Padre, que por la muerte y resurrección de Cristo nos ha dado el Espíritu Santo.

  • Por la Iglesia, extendida por todo el universo, para que, impulsada por el Espíritu Santo, permanezca atenta a lo que sucede en el mundo, haga suyos los sufrimientos, alegrías y esperanzas de los hombres de nuestro tiempo, intuya los signos caritativos que debe realizar y así pueda iluminarlo todo con el Evangelio. Roguemos al Señor.
  • Por todos los pueblos y razas en la diversidad de culturas y civilizaciones, para que el Espíritu Santo abra los corazones de todos al Evangelio, proclamado en sus propias lenguas, y los guíe hasta la verdad plena. Roguemos al Señor.
  • Por nuestro mundo de hoy, sujeto a cambios profundos y rápidos, para que el Espíritu Santo, que abarca la historia humana, promueva la esperanza de un futuro mejor y vislumbremos el gran día de Jesucristo. Roguemos al Señor.
  • Por todos los laicos, para que, renovados por el Espíritu Santo, sepan llevar el mensaje de Jesús a la vida de cada día en su trabajo, en su familia y en todos los lugares del mundo en el que viven. Roguemos al Señor.
  • Por nosotros, aquí reunidos, para que, iluminados y fortalecidos por el Espíritu Santo, demos testimonio de nuestra fe. Roguemos al Señor.

Dios, Padre nuestro, tu Espíritu ora con nosotros, dentro de nosotros; escucha la oración de tu Iglesia, morada suya, concédenos lo que el mismo Espíritu nos sugiere pedirte. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la comunión

Estos dones que acabamos de recibir, Señor,
nos sirvan de provecho,
para que nos inflame el mismo Espíritu
que infundiste de modo inefable en tus apóstoles.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

El diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote dice esta invitación:

Inclinaos para recibir la bendición.

Dios, Padre de los astros,
que en el día de hoy iluminó las mentes de sus discípulos
derramando sobre ellas el Espíritu Santo,
os alegre con sus bendiciones
y os llene con los dones del Espíritu consolador.

R/. Amén.

Que el mismo fuego divino,
que de manera admirable se posó sobre los apóstoles,
purifique vuestros corazones de todo pecado
y los ilumine con la efusión de su claridad.

R/. Amén.

Y que el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe
a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas
os conceda el don de la perseverancia en esta misma fe,
y así podáis pasar de la esperanza a la plena visión.

R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/. Amén.

Misa del día

Antífona de entrada (Sab 1, 7)

El Espíritu del Señor llenó la tierra y todo lo abarca, y conoce cada sonido. Aleluya.

O bien (Cf. Rom 5, 5; 8, 11):

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

Monición de entrada

Hoy, solemnidad de Pentecostés, celebramos la culminación de la Pascua.El Señor Jesús nos envía desde el Padre el don de su Espíritu: el Espíritu Santo que los profetas anunciaron y Cristo nos prometió; el Espíritu Santo que dio a la Iglesia naciente su primer impulso y constantemente actúa en ella. El Espíritu Santo que nos da el convencimiento de la fe y nos congrega en la unidad; que llena el universo con su presencia y promueve la verdad, la bondad y la belleza; que alienta en la humanidad la firme esperanza de una tierra nueva.

Rito de la bendición y aspersión del agua bendita

Y ahora, al comenzar esta celebración, invoquemos a Dios, Padre todopoderoso, para que bendiga esta agua, que va a ser derramada sobre nosotros en memoria de nuestro bautismo, y pidámosle que nos renueve interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido.

Después de un breve silencio, prosigue diciendo con las manos juntas:

Señor, Dios todopoderoso,
escucha las oraciones de tu pueblo,
ahora que recordamos
la acción maravillosa de nuestra creación
y la maravilla, aún más grande, de nuestra redención;
dígnate bendecir ✠ esta agua.
La creaste para hacer fecunda la tierra
y para favorecer nuestros cuerpos
con la frescura y la limpieza.
La hiciste también instrumento de misericordia
al librar a tu pueblo de la esclavitud
y al apagar con ella su sed en el desierto;
por los profetas la revelaste como signo de la nueva Alianza
que quisiste sellar con los hombres.
Y, cuando Cristo descendió a ella en el Jordán,
renovaste nuestra naturaleza pecadora
en el baño del nuevo nacimiento.
Que esta agua, Señor,
avive en nosotros el recuerdo de nuestro bautismo
y nos haga participar en el gozo de nuestros hermanos
bautizados en la Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

A continuación, el sacerdote toma el hisopo, se rocía a sí mismo y a los ministros, después al clero y al pueblo, recorriendo la iglesia, si le parece oportuno. Terminada la aspersión, el sacerdote, de pie y de cara al pueblo, con las manos juntas, dice:

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado
y, por la celebración de esta eucaristía
 nos haga dignos de participar
del banquete de su reino.

R/. Amén.

Monición al Gloria

Se dice Gloria. Puede introducirse con la siguiente monición.

Cantemos (recitemos) el himno de alabanza invocando a Jesucristo, el Señor, sentado a la derecha del padre para interceder por nosotros.

Oración colecta

Oremos.
Oh, Dios, que por el misterio de esta fiesta
santificas a toda tu Iglesia
en medio de los pueblos y de las naciones,
derrama los dones de tu Espíritu
sobre todos los confines de la tierra
y realiza ahora también, en el corazón de tus fieles,
aquellas maravillas que te dignaste hacer
en los comienzos de la predicación evangélica.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Monición al Credo

Se dice Credo. Puede introducirse con la siguiente monición.

Proclamemos nuestra fe en Dios Padre, por Jesucristo, su Hijo, en la unidad del Espíritu Santo.

Oración de los fieles

Oremos a Dios Padre, que por la muerte y resurrección de Cristo nos ha dado el Espíritu Santo.

  • Por la Iglesia, extendida por todo el universo, para que, impulsada por el Espíritu Santo, permanezca atenta a lo que sucede en el mundo, haga suyos los sufrimientos, alegrías y esperanzas de los hombres de nuestro tiempo, intuya los signos caritativos que debe realizar y así pueda iluminarlo todo con el Evangelio. Roguemos al Señor.
  • Por todos los países del mundo, para que por la acción del Espíritu Santo puedan superar unidos las pandemias de la guerra, del hambre, de la desigualdad, del maltrato ecológico. Roguemos al Señore.
  • Por nuestro mundo de hoy, sujeto a cambios profundos y rápidos, para que el Espíritu Santo, que abarca la historia humana, promueva la esperanza de un futuro mejor y vislumbremos el gran día de Jesucristo. Roguemos al Señor.
  • Por todos los laicos, para que, renovados por el Espíritu Santo, sepan llevar el mensaje de Jesús a la vida de cada día en su trabajo, en su familia y en todos los lugares del mundo en el que viven. Roguemos al Señor.
  • Por los más débiles, por los que sufren las consecuencias del pecado que divide y enfrenta al ser humano; para que sean atendidos en lo material y acompañados en sus tristezas y esperanzas. Roguemos al Señor
  • Por nosotros, aquí reunidos, para que, iluminados y fortalecidos por el Espíritu Santo, demos testimonio de nuestra fe. Roguemos al Señor.

Oh, Dios,
por intercesión de la bienaventurada Virgen María,
Trono de la Sabiduría,
infunde en nosotros los dones del Espíritu Santo
para ser nuevas criaturas,
no conforme a la mentalidad de este mundo,
sino, renovados en el corazón y la mente,
capaces de «discernir cuál es la voluntad de Dios,
qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto».
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la comunión

Oremos.
Oh, Dios, que has comunicado a tu Iglesia
los bienes del cielo,
conserva la gracia que le has dado,
para que el don infuso del Espíritu Santo
sea siempre nuestra fuerza,
y el alimento espiritual
acreciente su fruto para la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

El diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote dice esta invitación:

Inclinaos para recibir la bendición.

Dios, Padre de los astros,
que en el día de hoy iluminó las mentes de sus discípulos
derramando sobre ellas el Espíritu Santo,
os alegre con sus bendiciones
y os llene con los dones del Espíritu consolador.

R/. Amén.

Que el mismo fuego divino,
que de manera admirable se posó sobre los apóstoles,
purifique vuestros corazones de todo pecado
y los ilumine con la efusión de su claridad.

R/. Amén.

Y que el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe
a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas
os conceda el don de la perseverancia en esta misma fe,
y así podáis pasar de la esperanza a la plena visión.

R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/. Amén.

Despedida al pueblo

Para despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, canta:

Y todos responden:

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