Reflexión para el XXII Domingo del tiempo ordinario

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
(Año A)

Ramón CLAVERÍA ADIEGO
Sacerdote de la diócesis de Jaca
Doctor en Teología Litúrgica

Si recordáis, el pasado domingo escuchábamos en el Evangelio aquella escena tan importante en la que Jesús le encarga a Pedro la misión de ser el principal punto de referencia de su comunidad, de su Iglesia. Hoy, en cambio, vemos cómo el mismo Jesús tiene que reñir a Pedro porque el apóstol no entiende ni acepta que el camino de la salvación y de la vida pasa por la cruz. Pedro, seguramente, como la mayor parte del pueblo de Israel, esperaba un Mesías glorioso, que les liberase de la ocupación romana. Y por eso, que Jesús diga que va a ser crucificado… Como que no iba mucho con él. Y por eso llama la atención al Señor, intentando llevárselo a su terreno. Pero Jesús tiene bien claro cual es su misión en el mundo, y contesta de ese modo tan áspero a Pedro: Apártate de mí, Satanás. Es gordo, eh, que Jesús llame así a Pedro –Satanás– delante de todos. De hecho algún autor ha considerado este episodio del evangelio como la cuarta tentación de Cristo, tras las tres tentaciones en el desierto.

Y en estas circunstancias, es cuando Jesús invita a tomar la actitud del auténtico discípulo, que es la de seguir a su maestro en el camino que éste ha de recorrer; ¿y qué quiere decir eso? Pues que el centro de nuestra vida no debe ser egocéntrico, sino que debe ser Cristo. Si queremos ser de verdad cristianos, discípulos de Jesús, debemos centrarnos en Él, en su persona, en su evangelio, en su doctrina… Y aceptar los riesgos que eso lleva consigo. Incluso el aceptar el rechazo de los demás; como vemos en la primera lectura que le pasó al profeta Jeremías, que por ser fiel a Dios, tuvo que pasar más amarguras que para qué, convirtiéndose en un anuncio de Cristo, que tampoco será comprendido cuando anuncie la cruz, y que, a pesar de todo, se mantendrá fiel.

Y la historia de Pedro, al igual que la de los apóstoles, es también, en definitiva, nuestra propia historia. Creemos en Jesús, queremos seguirle, pero a menudo no entendemos ni aceptamos que su camino significa entrega, fidelidad hasta el fin, compromiso al servicio de los demás. Por eso que tenemos que saber cargar con la cruz. Y tranquilos…, tranquilos porque no hace falta que busquemos ninguna cruz, que ya se encarga la propia vida de poner sus cruces sobre nosotros.

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