Reflexión para la Solemnidad de Todos los Santos

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

Ramón CLAVERÍA ADIEGO
Sacerdote de la diócesis de Jaca
Doctor en Teología Litúrgica

En un mundo como el nuestro, en el que hay tanto déficit de alegría y optimismo, y en el que uno a veces incluso llega a pensar si la vida tiene sentido, la fiesta de Todos los Santos nos invita a tener ánimos, a tener esperanza.

Hoy debe un día de alegría especial, porque se nos invita a contemplar algo que habitualmente se nos escapa, y es que en el mundo ha habido, hay y habrá personas no ya buenas, sino personas santas. Personas que han hecho el bien de muchas y variadas formas, cuyo nombre y cuya vida no aparecerán nunca destacados en las páginas de los periódicos ni de la prensa del corazón. Gente que, en medio de las dificultades, han sabido ser fieles a Dios y vivir como nos enseñó Jesús. Hombres y mujeres, sacerdotes y casados, niños y mayores, obispos y obreros, misioneros y madres de familia, familiares, amigos, y vecinos nuestros y personas totalmente desconocidas para nosotros… Hijos e hijas de Dios que han seguido, cada uno en su tiempo y en su ambiente, el camino de las bienaventuranzas: la humildad, la disponibilidad, la pureza de corazón, la misericordia los sentimientos de paz, el hambre de verdad y de justicia, la entereza ante las tentaciones… Seres totalmente humanos, muy humanos, que no hicieron milagros ni escribieron obras maravillosas, sino que vivieron con sencillez y generosidad su vida cristiana de cada día…. Una muchedumbre, como nos dice el libro del Apocalipsis, inmensa, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, que, al igual que nos toca pasar a nosotros, han atravesado por dificultades y tribulaciones.

Y la enseñanza que tenemos que sacar de este día, y de todos ellos, es que también nosotros estamos llamados a ser santos. Vale la pena no solo que demos gracias a Dios por el bien que han hecho los santos en el mundo y en la sociedad, sino también que nos dejemos iluminar y llenar de ánimo por tantos y tantos ejemplos de personas verdaderamente santas, que nos enseñan que es posible vivir la vida en clave de Dios, y que nos demuestran que, si ellos han podido llegar a la meta, nosotros, con la gracia de Dios, también podemos.

Cojámonos, pues, de la mano materna de la Virgen María, Reina de todos los Santos, y dejémonos conducir por Ella hacia la patria celestial.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s