Subsidio litúrgico para el I Domingo de Adviento

Subsidio litúrgico
para la sede presidencial

I DOMINGO DE ADVIENTO

En el tiempo de Adviento nos preparamos para salir al encuentro del Señor, que vino, que viene y que vendrá al fin de los tiempos. Es un tiempo de alegría y esperanza. En este primer domingo se nos llama a reflexionar sobre la necesidad que tenemos de que Dios nos salve y a pedirle que venga y nos llene de su gracia: «¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!» (1 lect.). San Pablo nos recuerda que forma parte del ser cristiano el vivir «aguardando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo» (2 lect.), de la que no sabemos ni el día ni la hora. Por ello hemos de velar en la oración, sin dormirnos (Ev.).

Color: morado.
Misal Romano: Antífonas y oraciones propias, sin Gloria, Credo, Prefacio I o III de Adviento.
Leccionario: volumen I (B).
Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Antífona de entrada (Sal 24, 1-3)

A ti levanto mi alma, Dios mío, en ti confío; no quede yo defraudado, que no triunfen de mí mis enemigos, pues los que esperan en ti no quedan defraudados.

Bendición de la corona de Adviento

La «Corona de Adviento», que se ha instalado en la iglesia, se puede bendecir al comienzo de la misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial. El sacerdote hace una breve monición con estas palabras u otras semejantes:

Hermanos: Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida. 

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Oremos.
La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque
y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que, mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines
con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/.   Amén.

Y se enciende el primer cirio.

Se omite el acto penitencial.

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Monición de entrada

Si no se hace la bendición de la corona de Adviento, después del saludo inicial el sacerdote o el diácono, y otro ministro idóneo, puede hacer una monición muy breve para introducir a los fieles en la misa del día.

Hermanos y hermanas, comienza hoy un nuevo año litúrgico en el que iremos celebrando de diversas maneras el misterio de la salvación que nos viene de Cristo. Empieza con el ciclo de Adviento, Navidad y Epifanía en el que haremos el memorial del nacimiento y manifestación del Hijo de Dios hecho Hombre por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.

Iniciamos hoy estas cuatro semanas del tiempo de Adviento, un tiempo de alegre esperanza ante la venida de Cristo Salvador en la humildad de nuestra carne y su retorno glorioso al fin de los tiempos.

____________

No se dice Gloria.

Oración colecta

Oremos.
Concede a tus fieles, Dios todopoderoso,
el deseo de salir acompañados de buenas obras
al encuentro de Cristo que viene,
para que, colocados a su derecha,
merezcan poseer el reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.

Se dice Credo.

Oración de los fieles

Aguardando la venida del Señor, oremos confiadamente a Dios, nuestro Padre

  • Por la Iglesia, para que, cuando llegue el dueño de la casa, no la encuentre adormecida, sino velando y cumpliendo la tarea encomendada. Roguemos al Señor.
  • Por las vocaciones sacerdotales, para que nunca falten sacerdotes que hagan presente entre nosotros la cercanía y el amor de Cristo Redentor. Roguemos  al Señor.
  • Por los gobernantes, para que no cierren sus oídos a las legítimas y siempre crecientes aspiraciones de sus pueblos. Roguemos al Señor.
  • Por todos los enfermos, para que no pierdan la esperanza en aquel que con su venida nos ha redimido. Roguemos al Señor.
  • Por los que viven sin sentido, para que descubran en su vida a Dios que viene a nosotros. Roguemos al Señor.
  • Por nosotros, aquí reunidos, para que, adhiriéndonos a él, como nos dice el profeta, nuestra esperanza no decaiga. Roguemos al Señor.

Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la comunión

Oremos.
Fructifique en nosotros, Señor, la celebración de estos sacramentos,
con los que tú nos enseñas, ya en este mundo que pasa,
a descubrir el valor de los bienes del cielo
y a poner en ellos nuestro corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne

V/. El Señor esté con vosotros.

R/. Y con tu espíritu.

V/. Inclinaos para recibir la bendición.

Dios todopoderoso y rico en misericordia,
por su Hijo Jesucristo,
cuya venida en carne creéis
y cuyo retorno glorioso esperáis,
en la celebración de los misterios del Adviento,
os ilumine y os llene de sus bendiciones.

R/. Amén.

Dios os mantenga durante esta vida
firmes en la fe,
alegres por la esperanza
y diligentes en el amor.

R/. Amén.

Y así, los que ahora os alegráis
por el próximo nacimiento de nuestro Redentor,
cuando vengo de nuevo en la majestad de su gloria
recibáis el premio de la vida eterna.

R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/. Amén.

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