Mensaje con motivo del Día Mundial de la Salud 2021

Construir un mundo más justo y saludable para todos

El Día Mundial de la Salud, establecido por la primera Asamblea de la Salud en 1948, se celebra cada año el 7 de abril con el objetivo de sensibilizar sobre un tema sanitario concreto y poner de relieve cuestiones de gran urgencia y prioridad en el mundo de la salud. El tema de este año señala la urgencia de trabajar para eliminar las desigualdades en el acceso a la salud, para «Construir un mundo más justo y saludable para todos».

El pasado año 2020 será recordado como un año decisivo entre un antes y un después. La pandemia ha afectado profundamente a nuestras vidas y a nuestra sociedad; ha exacerbado viejos problemas sociales, especialmente las desigualdades, como las del acceso a la asistencia. El impacto de la pandemia ha sido más fuerte en las comunidades más vulnerables, más expuestas a la enfermedad, con menores oportunidades de acceder a servicios sanitarios de calidad.

Estamos viviendo una crisis, pero, como nos recuerda el Papa Francisco, de una crisis no se sale igual, se sale mejor o se sale peor. Esa es la invitación de este Día Mundial de la Salud, «Construir un mundo más justo y saludable para todos». El difícil año vivido también nos ha recordado la importancia de la solidaridad humana y la constatación de que nadie se salva solo. En este sentido, el Papa nos invita a vivificar y poner en el centro de nuestras acciones los valores de la fraternidad, la justicia, la equidad, la solidaridad y la inclusión para no dejar que los nacionalismos cerrados o las leyes del mercado nos impidan vivir como una verdadera familia humana[1].

La salud es el valor de la justicia

La pandemia ha agravado la gran brecha existente entre los países más y menos favorecidos en el acceso a la atención sanitaria y a los tratamientos, un hecho deplorable que persiste a pesar de que la situación ha sido denunciada en varias ocasiones por diversas instituciones; disparidades y desigualdades inaceptables que niegan la salud a una gran parte de la población de las «periferias del mundo». La humanidad se esfuerza por reconocer que «el derecho fundamental a la protección de la salud se basa en el valor de la justicia, según el cual no hay distinciones entre los pueblos y las naciones, teniendo en cuenta las situaciones objetivas de la vida y el desarrollo de los mismos, en la búsqueda del bien común, que es, al mismo tiempo, el bien de todos y de cada uno, del que debe ocuparse, también y sobre todo, la comunidad civil»[2]. Es de esperar que «la armonización del derecho a la protección de la salud y del derecho a la justicia se garantice mediante una distribución equitativa de las estructuras sanitarias y de los recursos financieros, según los principios de solidaridad y subsidiariedad»[3]. Sobre estos dos principios podemos construir sistemas sanitarios más justos y equitativos. Pero para ello hay que repensar primero el concepto de salud, como salud integral.

Para una salud integral

Para lograr un mundo más justo y saludable es necesario adquirir una visión diferente de la salud y la atención humana que tenga en cuenta las dimensiones física, psicológica, intelectual, social, cultural y espiritual de la persona. Adquirir esta perspectiva integral nos permite comprender que garantizar a todos la atención sanitaria necesaria es un acto de justicia, es decir, devolver a la persona lo que está en su derecho. Quienes atienden a las personas enfermas y a quienes sufren deben adoptar esta visión holística del conjunto, inspirándose continuamente en una visión holística de la atención: personal sanitario y agentes de pastoral uniendo esfuerzos en su preocupación por la salud integral de sus pacientes.

Extendemos nuestro aprecio y gratitud a los cuidadores y cuidadoas que, a pesar de las numerosas deficiencias y fallos de los sistemas sanitarios, no se han rendido y han luchado por la salud de sus pacientes; han sido fieles a su vocación, que encuentra su fuente en la compasión. «La compasión es también una forma privilegiada de construir la justicia, porque, al ponernos en la situación del otro, no sólo nos permite encontrar sus penas, dificultades y miedos, sino también descubrir, dentro de la fragilidad que caracteriza a todo ser humano, la preciosidad y el valor único, en una palabra: la dignidad. Porque la dignidad humana es el fundamento de la justicia, mientras que el descubrimiento del valor inestimable de cada ser humano es la fuerza que nos impulsa a superar, con entusiasmo y abnegación, las desigualdades»[4].

Por un mundo más sano

En la experiencia actual de la pandemia descubrimos que somos hermanos, que estamos todos en el mismo barco, que somos responsables unos de otros y que nuestro bienestar también depende del comportamiento responsable de todos[5]. La humanidad redescubre el sentido de la interdependencia mutua: una Casa Común, para un cuidado común de la creación y de las personas que la habitan. En la verdadera fraternidad, el individualismo y el egoísmo pueden ser derrotados por la reconfirmación de que sólo la búsqueda del bien de todos puede conducir a mi bien. La pandemia, en particular, nos ha enseñado que la salud es un bien común, de modo que al proteger la propia salud se protege la de los demás y la de toda la comunidad.

Una cuestión que merece especial atención es la salud mental, que está siendo puesta a prueba en este periodo de pandemia. En este sentido, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ha elaborado un documento, que puede consultarse en su página web[6], titulado: «Acompañar a las personas con problemas psicológicos, en el contexto de la pandemia de COVID-19. Miembros de un solo cuerpo, amados por un único amor». El documento propone algunos elementos de reflexión a quienes están cerca de las personas afectadas por la pandemia y a todos los que están llamados a acompañarlas tanto en el seno de las familias como en las estructuras sanitarias.

Hay una necesidad urgente de cuidar a los que han cuidado de nosotros. Los gobiernos y los responsables de las políticas económicas y sanitarias tienen la responsabilidad de garantizar mejores condiciones de trabajo para el personal sanitario. Esto exige una inversión económica mesurada, prudente y ética que acompañe el desarrollo del potencial humano; asimismo, exige la formación del personal sanitario en salud integral como bien de las personas y de la comunidad; esto exige la promoción de la prevención, el cuidado y la pedagogía para la educación en salud integral.

También debería prestarse mayor atención a las instituciones sanitarias, especialmente a las que no cuentan con apoyo financiero del Estado, como las de la Iglesia y las comunidades de fe, que en diversos rincones de la tierra, a menudo remotos, son el único medio de garantizar el acceso a la atención sanitaria.

Las desigualdades en materia de salud son injustas, pero también se pueden prevenir con estrategias destinadas a garantizar un acceso equitativo a la atención sanitaria, especialmente para los grupos más vulnerables y marginados. Una mayor equidad en la protección de la salud en todo el mundo sólo puede lograrse mediante un renovado compromiso moral de los países con mayores recursos con los más necesitados. Es deseable conseguir una cobertura sanitaria universal para todas las personas y comunidades. Es un objetivo urgente que hay que alcanzar para construir un mundo más justo y sano, un mundo mejor, un mundo de paz con el que soñamos y creemos que todavía es posible[7].

Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson

Prefecto

_________________________

[1] FRANCISCO, Mensaje Urbi et Orbi – Navidad 2020, 25 de diciembre de 2020.

[2] Nueva Carta de los Agentes Sanitarios, n.141

[3] Francisco, Mensaje a los participantes en la Conferencia Internacional sobre el tema “Afrontar las disparidades globales en materia de salud”, 18 de noviembre de 2017.

[4] Francisco, Mensaje a los participantes en la Conferencia Internacional sobre el tema “Afrontar las disparidades globales en materia de salud”, 18 de noviembre de 2017.

[5] Cf. Francisco, Carta Encíclica, Fratelli Tutti, n. 32

[6] Cf. https://www.humandevelopment.va/it/news/2021/accompagnare-le-persone-in-sofferenza-psicologica-nel-contesto-d.html

[7] Cf. Volvamos a soñar. El camino hacia un futuro mejor (Piemme, diciembre de 2020) y Dios y el mundo que viene (Piemme-LEV, marzo de 2021), libros-entrevista del Papa Francisco.

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