Saludo del Nuncio Apostólico en España a la CXVII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española

Eminentísimo Señor Cardenal Presidente, 
Eminentísimos Señores Cardenales, 
Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,  
Señoras y Señores: 

Agradecido a la invitación presentada, con mucho gusto vengo a acompañarles al inicio de la ciento diez y siete Asamblea Plenaria, correspondiendo, con mi presencia, a éste gesto de comunión con el Santo Padre, al que tengo el honor de representar en España. A todos, les trasmito su saludo cordial y su bendición al iniciar esta reunión que se desarrolla a lo largo de esta semana. 

En la actividad reciente del Santo Padre, como quedará en la memoria de todos, destaca la realización de su deseado viaje a Irak, “como peregrino de paz, en nombre de Cristo, Príncipe de la Paz”. El Papa, se ha dirigido al lugar de donde salió Abrahán que “caminó en la Tierra con la mirada dirigida al Cielo”; actitud de la que se desprende el lema del ya histórico viaje: “Vosotros sois todos hermanos”. Acogido por el Presidente y el Gobierno de Irak, los Patriarcas y Obispos, junto a todos los ministros y los fieles de las respectivas Iglesias, mantuvo un “encuentro inolvidable” con el Gran Ayatolá Al-Sistani. El Papa, sintiendo la tribulación de la Iglesia que allí peregrina, y el sufrimiento también de las gentes de buena voluntad, iba dispuesto en su corazón a fortalecer y despertar en los cristianos la magnanimidad. De su viaje programático, queda claro que “hacer una cultura de hermanos” abandonando la “lógica de Caín con la guerra”, es un don de Dios que tiene el poder de vencer los males, haciendo brotar “la salud de la misma herida” – como vemos a la luz de la Pascua –   bálsamo capaz de curar a la humanidad, y de sanar las memorias dolorosas, inspirando un futuro de paz y fraternidad. Ésta es posible tal como encontró el Papa en las palabras y gestos de tantos iraquís que mostraron, con la bondad de su acogida, la ilusionada esperanza y unión en el mismo anhelo.   

 Esta “mirada dirigida al Cielo”, podemos verla ya dentro, entre nosotros, en primer lugar, en el estudio de las “Líneas de acción pastoral de la Conferencia Episcopal para el quinquenio 2021-2025: «Fieles al envío misionero», pues, ciertamente, la conversión pastoral, personal e institucional pretendida, tiene su causa en esta dimensión trascendente a la que nos dirige la fe en Cristo Resucitado, fomentando la colaboración y sinodalidad del pueblo de Dios. Esta, no puede devenir por su esencia en la creación de una nueva estructura. 

La sinodalidad, junto a la comunión y  colegialidad, se entiende como “la común dignidad y misión de todos los bautizados en el ejercicio de la multiforme y ordenada riqueza de sus carismas, de su vocación, de sus ministerios”, por eso cabe destacar otro de los puntos que han de tratar, la Institución de laicos acólitos y lectores, con carácter estable, en virtud del «Motu Proprio» Spiritus Domini, del pasado 10 de enero, el cual, al modificar el canon 230 §1 del Código de Derecho Canónico, amplia el acceso de las personas de sexo femenino. 

El nuevo Motu proprio del Papa Francisco separa de raíz la cuestión del acceso de la mujer al sacramento del Orden, remitiéndose a la cuestión doctrinal zanjada en sentido negativo por san Juan Pablo II (Carta Apostólica “Ordinatio sacerdotalis”, 22 de mayo de 1994). Asimismo, en continuidad con el precedente motu proprio “Ministeria quaedam” (17 agosto de 1972) de san Pablo VI, recupera en la Iglesia los ministerios litúrgicos laicales estables, derivados de la gracia y exigencias del Bautismo, y no del sacramento del Orden.

Preservado el tema de todo sensacionalismo mediático, quedando claro que no se trata de una “clericalización” del laicado cristiano, que tiene como objetivo central y primario el “edificar todo en Cristo”, la santificación de las realidades temporales, y no solo dignificar el culto público.

El nuevo Motu proprio trata de Fomentar entre hombres y mujeres cristianos un estilo de vida cristiana “ministerial”. La aplicación del motu proprio del Papa Francisco ha de ser oportunidad para trabajar por el sentido “ministerial” de toda la vida cristiana. Servicios y ministerios laicales son reflejos de un modo de entender la vida cristiana, y la vida cristiana laica, en particular, como un ponerse a disposición de la Iglesia, con los propios dones y carismas, para ayudar a que ésta pueda cumplir su misión. 

Ministerialidad nos habla de Iglesia de participación y corresponsabilidad, en la que todos están comprometidos, para que “todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad” (1Tm 2,4).  Para no desnaturalizar su sentido, queda claro que se trata de una encomienda eclesial, no un derecho personal ni un beneficio que pueda exigirse conforme al gusto o inclinación, sino el fruto de una necesidad pastoral, atendiendo a la cual, la Iglesia ha de llamar y preparar: “Corresponderá a las Conferencias Episcopales establecer criterios adecuados para el discernimiento y la preparación”, ha escrito el Santo Padre al Emmo. Sr. Cardenal Prefecto de la Congragación para la Doctrina de la Fe (10 enero de 2021).  

También deseo señalar el trabajo bien realizado por parte de todos ustedes que, segundado los deseos del Santo Padre, prestaron enseguida atención y dieron presto cauce institucional, a nivel Diocesano, en materia de abusos de menores. Desde la experiencia adquirida, que pide afrontar el problema juntos, también con la participación de los Institutos de Vida consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, la presente Asamblea estudiará la necesaria “puesta en marcha de un servicio de coordinación de las oficinas para la protección de menores” por parte de esta Instancia de la Conferencia Episcopal. Nadie puede interpretar falta de trasparencia o negativa a secundar los que el Papa pide al respecto. Los animo pues a la necesaria colaboración en este doloroso tema sobre el que, desde la Secretaría General, se ha manifestado justamente, hace pocos días, S.E. Monseñor Luis Arguello ante la opinión pública. Con el espíritu de colaboración y honestidad bien expresado, nadie puede poner en duda la credibilidad de la Iglesia en sus declaraciones y actividades. 

Otro punto en el que les aliento por su enorme importancia para la misión de la Iglesia en el mundo y para el bien común de toda la sociedad, es el estudio del “Estado de la cuestión de la aplicación de la LOMLOE y las posibles vías de negociación de la enseñanza religiosa escolar en las comunidades autónomas”. Sobre el tema de la educación, esta Conferencia Episcopal se ha referido con mucha frecuencia en las últimas décadas aportando al entendimiento del bien común. Como hicieron en la Nota de la Conferencia Episcopal para la Educación y Cultura (17 junio 2020), es muy cierto que importa resaltar el derecho educativo de los padres y la importancia del contexto sociocultural del individuo, al que la escuela ha de introducir, como método adecuado, “para poder luego actuar con libertad”. Mis mejores votos por un bien deseado esfuerzo de diálogo y de colaboración leal entre todos.

Por último, ya que en mi persona coincide la nacionalidad filipina con mi condición de Nuncio Apostólico en España, es para mí una gran satisfacción, y doble, evocar en este momento el concurso del Quinto centenario de la Evangelización de mi país, Filipinas, con la llegada de la expedición de Don Fernando de Magallanes el 16 de marzo de 1521. La primera Misa fue el 31 de marzo, domingo de Pascua en aquel año, y los primeros bautismos el día 14 de abril de 1521. Fue por medio de España, cuya actuación es presentada por historiadores acreditados como “modelo de entendimiento, elevación y fusión de los pueblos”, como la Fe llegó a Filipinas.  

Recordando aquel importante momento en el que el Papa San Juan Pablo II, dirigiéndose a Santo Domingo y Puerto Rico, quiso hacer intencionada escala descendiendo a Zaragoza el 10 de octubre de 1984, y expresó: “he querido venir personalmente para agradecer a la Iglesia en España la ingente labor de evangelización que ha llevado a cabo en todo el mundo, y muy especialmente en el continente americano y Filipinas”, les digo ahora con profunda satisfacción: ¡Gracias a la Iglesia que peregrina en España!  

En estas circunstancias por la pandemia no han podido desarrollarse lucidos actos a gran nivel institucional. Los ha habido a nivel más particular que agradezco también sentidamente. He acudido algunos como no puedo por menos. El evento, con los prudentes limites sanitarios impuestos, sí que ha sido acogido con calor por el Santo Padre el Papa Francisco, que ya en su viaje memorable a Filipinas, en enero de 2015, yo estaba allí presente, incentivó la preparación al Centenario.

Este año lo ha acogido en la Basílica de San Pedro, el pasado 14 de marzo en una representación a la que ha animado en el impulso misionero. Me satisface escuchar del Santo Padre estas palabras: “han pasado quinientos años desde que el anuncio cristiano llegó por primera vez a Filipinas. Habéis recibido la alegría del Evangelio: …y esta alegría se ve en vuestro pueblo, se puede ver en vuestros ojos, en vuestros rostros, en vuestros cantos y en vuestras oraciones. La alegría con las que ustedes llevan su fe a otras tierras. ¡Muchas veces he dicho que aquí en Roma las mujeres filipinas son “contrabandistas” de fe! Porque a donde van a trabajar, trabajan, pero también siembran la fe. Ésta es… una enfermedad hereditaria, pero ¡una dichosa enfermedad! ¡Consérvenla!”

Efectivamente, la fe cristiana es la herencia más grande, más profunda y más duradera de los más de tres siglos de presencia española en las Filipinas, por la cual estamos profundamente agradecidos a los misioneros que nos anunciaron el Evangelio a través de los siglos. Por eso, ser filipino y Legado del Romano Pontífice en España, en donde todo empezó, es para mí, como en el caso de la Expedición de Magallanes y Elcano, un testimonio y prueba de que la fe también ha dado la vuelta al mundo. Por eso, nosotros filipinos celebramos este V Centenario de Evangelización bajo el lema Gifted to Give, inspirado por el Evangelio de San Mateo 10,8: “gratis habéis recibido, dad gratis”, con el doble objetivo de nueva evangelización y de empuje a la evangelización. Como el Santo Padre nos exhorta a los filipinos, “Lleven la fe, ese anuncio que ustedes recibieron hace 500 años, y que ahora traen”.

La proeza de Magallanes, y de otros navegadores del siglo de oro, fueron viajes generadores de una verdadera globalización, haciendo posible el encuentro de los mundos y de los pueblos con sus propias identidades, forjando nuevas culturas y maneras de pensar que abren nuevos horizontes a la humanidad. Inmensas partes del mundo entre sí desconocidas, entraron en contacto y entraron en comunicación. La globalización no es de hoy, y la Iglesia jamás ha temido y no teme la globalización; la Iglesia es globalizadora, porque es universal, porque la alegría del Evangelio es para todos, porque somos “Fratelli tutti”, somos todos hermanos.

Al manifestarles mi disponibilidad en el servicio a la Iglesia en esta querida Nación, soy consciente de los destinos de la Providencia que ahora me tiene aquí al servicio del Santo Padre. El sucesor de Pedro es el garante de la unidad y la comunión en la Iglesia. Al Santo Niño de Cebú y a su Madre Inmaculada, confío los trabajos que ahora ustedes emprenden. 

 Muchas gracias.

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