Intercambio de cartas entre el cardenal Gerhard Müller y el Santo Padre Francisco

Gerhard Cardinale Müller

A Su Santidad el Papa Francisco
Roma

Santo Padre, querido hermano en Jesucristo,

En su calidad de maestro supremo del cristianismo, ha declarado a San Ireneo de Lyon Doctor de la Iglesia.

Con este gran gesto, su pontificado quedará ligado para siempre de la manera más positiva en la historia de la Iglesia. Con su expresión (¿mejor: enseñanza?) de la hermenéutica católica con los tres principios de la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio Eclesiástico de los Obispos en Sucesión Apostólica, el santo Obispo de Lyon se convirtió en el padre de la dogmática católica:

«Hac ordinatione et successione ea quae est ab apostolis in ecclesia traditio et veritatis praeconatio pervenit usque ad nos. Et est plenissima haec ostensio, unam et eandam vivificatricem fidem esse quae in ecclesia ab apostolis usque nunc sit conservata et tradita in veritate» (Adversus haereses III 3,3 – «En este orden y secuencia ha llegado hasta nosotros la tradición apostólica eclesiástica, y es perfectamente concluyente la prueba de que es la misma fe vivificante que la Iglesia recibió de los apóstoles, ha conservado hasta ahora y nos ha transmitido en verdad»).

El criterio más concreto de la plena conformidad con la revelación divina en la tradición eclesiástica es el reconocimiento de la Iglesia romana como fundamento de los príncipes apostólicos Pedro y Pablo: «ad hanc enim ecclesiam propter potentiorem principalitatem necesse est omnem convernire ecclesiam, hoc est eos qui sunt undique fideles, in qua semper ab his qui sunt undique conservata est ea quae est ab apostolis traditio» (Adversus haereses III, 3, 2 – En efecto, con la Iglesia romana, a causa de su especial primacía, deben estar de acuerdo todas las Iglesias, es decir, los fieles de todos los alrededores, pues S. en ella la tradición apostólica es siempre conservada por los que vienen de todas partes).

Nuestro nuevo Doctor ecclesiae derrotó al gnosticismo, la madre de todas las herejías. El gnosticismo -en sus variantes históricas y modernas- es el intento de situar la mente humana por encima de la razón de Dios (cf. Adversus haereses I, praefatio). Y por eso es aún más destructivo que el pelagianismo, que sólo creía poder hacer de la voluntad humana el patrón de la voluntad divina.

Por el contrario, Dios nos llama a colaborar con nuestra inteligencia y voluntad en la construcción de su reino de amor en la verdad y la libertad.

Le expreso mi gratitud por su gran iniciativa y le prometo mis oraciones diarias.


Emmo. Sr.
Cardenal Gerhard MÜLLER
Roma

Santa Marta, 6 de febrero de 2022

Querido hermano,

Muchas gracias por su carta del día de ayer. Gracias por su reflexión justa y precisa, propia de un maestro de la doctrina católica.

Y gracias por expresar tan fuertemente su juicio sobre el gnosticismo. Es verdad: ¡se filtra en tantos espacios de la vida eclesial! De modo especial aparece en «escuelas» de espiritualidad que pretendan innovar la contundencia de los clásicos católicos.

Su comentario me mueve a hacerle una pregunta: ¿Por qué no escribe un libro sobre las varias expresiones del gnosticismo actual? Le puedo asegurar que hará mucho bien.

Rezo por usted; por favor no se olvide de hacerlo por mí.

Que Jesús lo bendiga y la Virgen Santa lo cuide.

Fraternalmente,

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