Videomensaje del Santo Padre al Congreso de Educación Religiosa 2022 de la Arquidiócesis de Los Ángeles

Queridos hermanos y hermanas:

Los saludo con alegría, a ustedes que se reúnen en persona en California y también a los que participan virtualmente, al inicio de este Congreso de Educación Religiosa de la Arquidiócesis de Los Ángeles.

En estos días, somos conscientes de que la pandemia nos sigue llamando a estar vigilantes los unos por los otros. El coronavirus sigue causando separación social y, tristemente, la pérdida de la vida de tantas personas y esto genera una crisis social. ¡Nuestra esperanza —somos creyentes— está en el Señor! En este tiempo de miedo e incertidumbre, Nuestro Señor nos sigue llamando para ir adelante y para proclamar nuestra fe en su misericordia, en su ternura y en su gran amor: «Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor» (Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, 27 marzo 2020).

El tema del Congreso “Aguas vivas de Esperanza” nos llama a renovarnos constantemente en el agua y la sangre que fluyen del Corazón de Jesús, como fuente de misericordia para el mundo entero. Sin esta agua viva nuestra misión puede convertirse en una interna y dolorosa religiosidad… Si vos sos cristiano, si vos sos Iglesia, la Iglesia es en salida, no hacia adentro, tenés que llegar a las periferias existenciales con coraje y creatividad.

Este año están celebrando ustedes un año jubilar en la Arquidiócesis de Los Ángeles, el 250 aniversario de la Misión San Gabriel, primera Iglesia fundada por ese gran apóstol de México y California, san Junípero Serra. En su canonización en el 2015, señalé como él supo vivir lo que es «la Iglesia en salida», que debe saber ir por los caminos, para compartir la ternura y reconciliación con Dios (cf. Homilía, 23 setiembre 2015). ¡Que este jubileo sea una gran oportunidad de renovarnos!

Y mi oración para ustedes, para la realización de este Congreso, es que Nuestro Señor llene vuestros corazones de las aguas vivas de su Espíritu y renueve vuestro celo de discípulos misioneros que vayan “siempre adelante” en la fe, para llevar su esperanza al mundo entero, no con lindas palabras, sino con actos concretos de acompañamiento, compartiendo con todos la alegría de saber que no estamos solos. Que Dios, hecho hombre en Jesús, vaya con nosotros a través de la jornada de la vida, impulsándonos a soñar y a caminar juntos hacia el Padre, transformando la historia y transformándonos a nosotros.

Los encomiendo a María, Madre de la Iglesia, les doy mi bendición, rezo por ustedes, pero también les pido que recen por mí, gracias.

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