Orientaciones sobre la Pastoral Migratoria Intercultural

ORIENTACIONES SOBRE LA PASTORAL MIGRATORIA INTERCULTURAL

Sección Migrantes y Refugiados

Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

PRÓLOGO

Las presentes Orientaciones Pastorales recogen propuestas pertinentes al ámbito del ministerio pastoral intercultural y traducen de forma concreta mi invitación sugerida en la EncíclicaFratelli tuttia desarrollar una cultura del encuentro. Invito a retomar la imagen del poliedro, que “representa una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente (…). Porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible.” (FT, 215)

“Todos estamos en la misma barca”, llamados a un compromiso hacia la fraternidad universal. Para los católicos, esto se traduce en ser cada vez más fieles a nuestro ser católicos. Como escribí en el Mensaje para la 107a Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, “en el encuentro con la diversidad de los extranjeros, de los migrantes, de los refugiados y en el diálogo intercultural que puede surgir, se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente.”

En los momentos de mayor crisis, como ahora por la pandemia y las guerras que estamos presenciando, los nacionalismos cerrados y agresivos (FT, 11) y el individualismo radical (FT, 105) resquebrajan o dividen elnosotros, tanto en el mundo como dentro de la Iglesia. Y el precio más elevado lo pagan quienes más fácilmente pueden convertirse en los otros: los extranjeros, los migrantes, los marginados, que habitan las periferias existenciales. Estas propuestas proponen precisamente unnosotroscada vez más grande, referido tanto a la comunidad humana como a la Iglesia.

“Los fieles católicos estamos llamados a comprometernos, cada uno a partir de la comunidad en la que vive, para que la Iglesia sea siempre más inclusiva.” Estas Orientaciones Pastorales nos invitan a ampliar la forma en que experimentamos ser Iglesia. Nos impulsan a ver la tragedia del desarraigo prolongado y a acoger, proteger, integrar y promover a nuestros hermanos y hermanas y a crear oportunidades para cooperar hacia la comunión. Nos ofrecen vivir un nuevo Pentecostés en nuestros barrios y parroquias, tomando conciencia de la riqueza de su espiritualidad y de sus vibrantes tradiciones litúrgicas.

Se trata también de una oportunidad para vivir una Iglesia auténticamente sinodal, en camino, no asentada, nunca satisfecha, sino de una Iglesia que “no hace distinción entre autóctonos y extranjeros, entre residentes y huéspedes”, pues todos somos peregrinos en esta tierra.

Estamos llamados a soñar juntos. No debemos tener miedo de “soñar juntos como una sola humanidad, como compañeros del mismo viaje, como hijos e hijas de esta misma tierra que es nuestra casa común, todos hermanos y hermanas” (FT, 8). Estas propuestas nos invitan a empezar este sueño desde nuestra realidad concreta, expandiéndose como una tienda hacia los confines de la tierra, integrando a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados, construyendo juntos el Reino de Dios en fraternidad y universalidad.

El Señor Jesús nos dice que cada ocasión de encuentro con una persona refugiada o migrante es una oportunidad para encontrarnos con Él mismo (cf. Mt25:35). Su Espíritu nos hace capaces de abrazar a todos para crear comunión en la diversidad, armonizando las diferencias sin nunca imponer una uniformidad que despersonaliza, y en esta alegría del encuentro, las comunidades católicas están invitadas a crecer y a reconocer la vida nueva que los migrantes traen consigo.

Franciscus

Vaticano, 3 de marzo de 2022

ACRÓNIMOS

ACR: Pontificio Consejo “Cor Unum” y Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes,Acoger a Cristo en los Refugiados y en los Desplazados Forzosos, Ciudad del Vaticano, 2013.

EG: Francisco, Exhortación ApostólicaEvangelii Gaudium, Ciudad del Vaticano, 2013.

EMCC: Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes,Erga migrantes caritas Christi, Ciudad del Vaticano, 2004.

FT: Francisco, Carta EncíclicaFratelli Tutti, Ciudad del Vaticano, 2020.

IMH: Comisión Pontificia para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo,Carta Circular a las Conferencias EpiscopalesIglesia y Movilidad Humana, 1978.

LG: Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia,Lumen Gentium, Ciudad del Vaticano, 1964.

M&R: Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

PMH: Congregación para la Educación Católica,La pastoral de la movilidad humana en la formación de los futuros sacerdotes, Ciudad del Vaticano, 1986.

RDS: Pontificio Consejo “Cor Unum” y Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes,Los Refugiados: Un Desafío a la Solidaridad, Ciudad del Vaticano, 1992.

Introducción

“Es indispensable prestar atención para estar cerca de nuevas formas de pobreza y fragilidad donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente, aunque eso aparentemente no nos aporte beneficios tangibles e inmediatos. Los migrantes (desplazados, refugiados) me plantean un desafío particular por ser Pastor de una Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos. Por ello, exhorto a los países a una generosa apertura, que en lugar de temer la destrucción de la identidad local sea capaz de crear nuevas síntesis culturales. […]”(EG 210)

Tomamos cada vez mayor conciencia del reto que supone para el mundo trabajar conjuntamente para responder a las necesidades y defender los derechos humanos fundamentales de las personas afectadas por el desplazamiento forzado, tanto internamente, como a través de las propias fronteras. En la actualidad, la Iglesia católica está llamada a encontrar una nueva forma de enfocarlas relaciones humanas. El punto de partida es reconocer que somosfratelli tutti, todos hermanos y hermanas.

Tal como se recogeen el mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2021, nos enfrentamos como Iglesia a dos grandes retos, que al mismo tiempo representan una oportunidad y constituyen una misión, tantoad intracomoad extra.

El retoad intratiene que ver conla manera de vivirla catolicidad de nuestra fe: una Iglesia que sea capazde incluir a todos y reconocer que cada persona bautizada en la Iglesia católica es miembro de pleno derecho, dondequiera que esté. Para ello es necesario aceptar la llegada de católicos que proceden de diferentes partes del mundo e integrarlos en las comunidades locales, como ciudadanos y miembros que gozan de la misma igualdad de trato, como afirma claramente san Pablo: “ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2,19). Todos los católicos tienen derecho a que se les reconozca su plena pertenencia a la Iglesia, que debe entenderse como una ciudadaníaactiva. Esto significa ser responsables, participar en la vida de la Iglesia, animar la liturgia y estar presentes en aquellas comunidades que conservan sus propias expresiones religiosas y culturales. El primer paso es, por tanto, hacer espacio, ensanchar el espacio de la tienda para que se pueda incluir a todos, sin divisiones o separaciones por clases, donde todos puedan preservar las diferencias que enriquecen a la comunidad, según el modelo de la Trinidad: la unidad de Dios en quien existen tres Personas.

El retoad extrase refiere ala manera de ser una Iglesia verdaderamente misionera: salir al encuentro de los necesitados, los descartados, los marginados, los oprimidos… que estamos llamados areconocer y a cuidar, puesto que esto es un mandamiento del Señor. Y a través de la caridad y el amor, animar la conversión del corazón, sobre todo entre quienes se encuentran fuera de la Iglesia, ya sea por elección propia o porque nunca han escuchado el mensaje salvíficode Jesucristo. Ésta es una llamada a ser una Iglesia inclusiva, en la que cada ser humanorecibe el mensaje de salvación en Jesucristo.

La expresión visible de la vida de la Iglesia en determinadas comunidades debe reflejar la diversidad de sus miembros. Los recién llegados representan un desafío para nosotros, pues con su presencia nos obligan a replantearnos nuestro modelo de parroquia. No debe seguir el modelo de pueblo en el que todos se conoceny se considera a los recién llegados como una nueva incorporacióndesde el exterior, sino que debe ser una Iglesia en movimiento, siemprecon las puertas abiertas para acoger al otro. No se trata de una asimilación, más bien de un enriquecimiento y de un camino hacia la transformación de todos los miembros de la comunidad, puesto que quienes llegan a un país no deben sentirse ciudadanos de segunda clase, sino parte de la comunidad, un “nosotros” único como miembros de pleno derecho de la Iglesia.

LasOrientaciones sobre la Pastoral Migratoria Interculturaltienen como objetivo ofrecer sugerencias y orientaciones concretas para una acción que puede articularse mediante cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Con estos verbos el Santo Padre sintetizó el compromiso de la Iglesia Católica hacia todos los que viven en las periferias existenciales, pues “no se trata de dejar caer desde arriba programas de asistencia social sino de recorrer juntos un camino a través de estas cuatro acciones, para construir ciudades y países que, al tiempo que conservan sus respectivas identidades culturales y religiosas, estén abiertos a las diferencias y sepan cómo valorarlas en nombre de la fraternidad humana”[1].

1. RECONOCER Y SUPERAR EL MIEDO

«Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te convertiré en una gran nación» (Génesis 46,3)

El miedo es un compañero habitual durante los viajes que emprenden los seres humanos y las comunidades hacia situaciones y contextos nuevos. Es comprensible que Egipto, que representa lo desconocido, asustara a Jacob, a pesar de las numerosas promesas de que todo saldría bien. Ojaláque ese miedo, que podría generar percepciones negativas y una oposición al encuentro con el otro, no alcance proporciones desmesuradas, sino que se analice debidamente y se pueda superar gracias a la intervención siempre presente de Dios.

Reto

Una percepción negativa de los migrantes y refugiados impide acoger eficazmente a muchos hermanos y hermanas vulnerables, en movimiento. Percepciones erróneas sobre la amenaza que constituyen los extranjeros para la seguridad política y económica, generan a menudo un sentimiento de miedo entre las comunidades locales, que se traduce en el miedo al otro, incluidos los migrantes y refugiados, y esto fomenta actitudes intolerantes y xenófobas.

Respuesta

La Iglesia católica está llamada a ayudar a las comunidades locales a comprender correctamente el fenómeno de la migración y a garantizar un adecuado espacio de encuentro mutuo. Esto se puede realizar a través de una serie de acciones tales como:

1. Afrontar los miedosde las personas y ayudarles a superarlos, mejorando sus conocimientos sobre los migrantes y los refugiados, sus historias, las causas profundas y los efectos de su migración.

Por ello es tan necesario, con la ayuda de los agentes sociales y pastorales, dar a conocer a las poblaciones autóctonas los complejos problemas de las migraciones y contrarrestar los recelos infundados y los prejuicios ofensivos hacia los extranjeros[2].

2. Invitar a los medios de comunicación a difundirlas buenas prácticas de acogida y hospitalidad, así como historias de migrantes y refugiados que contribuyen con éxito al desarrollo humano integral de las comunidades de acogida.

Los medios de comunicación social, en este campo, tienen un papel de gran responsabilidad: a ellos compete desenmascarar estereotipos y ofrecer informaciones correctas, en las que habrá que denunciar los errores de algunos, pero también describir la honestidad, rectitud y grandeza de ánimo de la mayoría.[…]También los medios de comunicación están llamados a entrar en esta “conversión de las actitudes” y a favorecer este cambio de comportamiento hacia los emigrantes y refugiados[3].

3. Adoptar un lenguaje positivo en el discurso público sobre migrantes y refugiados y difundir argumentos sólidos, basados en investigaciones, contra una falsa representación de su persona.

Los medios de información tienen un rol importante en la formación de la opinión pública y una gran responsabilidad en el uso correcto de la terminología, en particular en lo referente a refugiados, solicitantes de asilo, y otras formas de migración[4].

4. Promover la empatía y la solidaridad con los migrantes y refugiados, para quese les reconozca como hermanos y hermanas con igual dignidad y puedan ser coprotagonistas en la construcción de unnosotroscada vez másgrande en la sociedad y favorecer una plena expresión de la fraternidad cristiana en la Iglesia.

Por eso, hoy deseo invitaros a tomar mayor conciencia de vuestra misión: ver a Cristo en cada uno de los hermanos y hermanas necesitados, proclamar y defender la dignidad de todo emigrante, de toda persona desplazada y de todo refugiado. De este modo, la asistencia brindada no se considerará una limosna de la bondad de nuestro corazón, sino un acto de justicia que se les debe[5].

5. Involucrar a los jóvenes y a los adultos jóvenes, que suelen tener una mentalidad más abierta y percepciones más positivas de los migrantes y refugiados, para lograr una real transformación de la narrativa de la migración.

Enseñad a los jóvenes, ayudad a los jóvenes a crecer en la cultura del encuentro, capaces de conocer a diferentes personas, las diferencias y a crecer con diferencias: así se crece, con confrontación, con una buena confrontación[6].

2. PROMOVER EL ENCUENTRO

Los que iban delante lo regañaban para que se callara [al ciego], pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». (Lucas 18, 39)

El ciego de Jericó quiere encontrarse con Jesús, pero hay quienes intentan impedírselo. No se deja disuadir por estas personas sino que gritaaún más fuerte, para que Jesús le pueda escuchar. Vivimos en contextos en los que a menudo se evita el encuentro, encuentro que algunas personas obstaculizan, porque desean mantener elstatu quo,o, incluso peor, porque incitan al conflicto. Otras, tratan de silenciar las voces de los marginados, excluyéndoles de los encuentros que edifican la comunidad. Promover el encuentro significa buscarlo “a gran voz” creando oportunidades en las que se puedan escuchar todas las voces, especialmente las de las personas más vulnerables.

Reto

Las comunidades católicas, a menudo, no están preparadas para afrontar la llegada de numerosos migrantes y refugiados y esto hace que se sientan desorientadas. A estos últimos les podría resultar difícil integrarse con los locales, por lo que se recurre a la creación de zonas de confort y guetos.

Respuesta

La Iglesia católica está llamada a tender puentes entre las comunidades locales y los recién llegados, promoviendo una auténtica “cultura del encuentro”. Esto se puede realizar a través de una serie de acciones tales como:

1. Participar activamente en la lucha contra las desigualdades y promover un cambio cultural, pasar de una cultura del descarte a una cultura del cuidado y del encuentro como elemento constitutivo de la vida comunitaria.

Los cristianos, fortalecidos por la certeza de la fe, deben demostrar que si se pone en primer lugar la dignidad de la persona humana con todas sus exigencias, comenzarán a caer los obstáculos creados por la injusticia[7].

2. Promoverla comprensión de la migración como un fenómeno global interconectado que genera oportunidades de encuentro enriquecedoras y un crecimiento cultural para todas las personas involucradas.

Una simple yuxtaposición de grupos de emigrantes y autóctonos tiende a la recíproca cerrazón de las culturas, o a la instauración entre ellas de simples relaciones de exterioridad o de tolerancia. En cambio, se debería promover una fecundación recíproca de las culturas. Eso supone el conocimiento y la apertura de las culturas entre sí, en un marco de auténtico entendimiento y benevolencia[8].

3. Preparar a las personas para encuentros que resulten vivificantes, aprovechando todos los espacios que proporciona la educación católica: escuelas, clases de catecismo, grupos de jóvenes, formación en la fe y demás.

Los consagrados y consagradas, las comunidades, los movimientos eclesiales y las asociaciones laicales, así como los agentes de pastoral, deben sentirse comprometidos a educar, ante todo, a los cristianos, a practicar la acogida, la solidaridad y la apertura hacia los extranjeros, para que las migraciones sean una realidad siempre más “significativa” para la Iglesia, y los fieles puedan descubrir losSemina Verbi(semillas del Verbo) sembradas en las distintas culturas y religiones[9].

4. Animar a las parroquias a crear espacios de encuentro donde, no sólo los fieles localessino también los recién llegados, puedan tener la oportunidad de compartir sus experiencias y celebrar su diversidad cultural: por ejemplo, eventos deportivos, fiestas u otros eventos sociales. Dada su sensibilidad y sus necesidadesparticulares, es oportuno desarrollar programas pastorales especiales destinados a los jóvenes locales y a los recién llegados.

Las Iglesias particulares están llamadas a abrirse, precisamente a causa del Evangelio, para brindar una mejor acogida a los inmigrantes con iniciativas pastorales de encuentro y diálogo, pero igualmente ayudando a los fieles a superar prejuicios y suspicacias[10].

5. Formar a agentes de pastoral para que se conviertan en “constructores de puentes”, promotores de un diálogo y un intercambio enriquecedor entre loslocales y los migrantes. Para ello, se puede comenzar estableciendo contacto con los recién llegados dentro del territorio parroquial e invitándoles a convertirse en miembros activos de la comunidad local.

Todos los esfuerzos que puedan realizar tendiendo puentes entre comunidades eclesiales, parroquiales, diocesanas, así como por medio de las Conferencias Episcopales serán un gesto profético de la Iglesia que en Cristo es «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Const. dogm.Lumen gentium, 1)[11].

3. ESCUCHAR Y MOSTRAR COMPASIÓN

Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. (Romanos 12,15)

Una verdadera escucha constituye siempre un ejercicio de simpatía y de empatía, lo cual significa que quien escucha debe aprender a cuidar dela persona que le está transmitiendo su experiencia, y que dicha experiencia humana debe resonar en el corazón de quien escucha. Es precisamente esta disposición a cuidar de los demás la que une a las personas y genera una comunidad humana compasiva.

Reto

Debido a la desconfianza o a una falta de preparación, es posible que las comunidades católicas locales fracasen en su intento de escuchar las experiencias y necesidades, losmiedos y aspiraciones de los migrantes y refugiados, sofocando así la empatía y la compasión necesarias para que dicho encuentro sea significativo y enriquecedor.

Respuesta

Teniendo en cuenta que, cada ocasión de encuentro con migrantes y refugiados necesitados es una oportunidad única para encontrar a Jesucristo mismo (cf.Mt25, 32) y poner en práctica el mandamiento del amor, la Iglesia católica está llamada a escucharles y a crecer en la compasión. Esto se puede realizar a través de una serie de acciones tales como:

1. Promover, en las comunidades católicas locales, una cultura del cuidado a los migrantes y refugiados profundamente heridos, prestando especial atención a los menores.

«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc9,37; cf.Mt18,5;Lc9,48;Jn13,20). Con estas palabras, los evangelistas recuerdan a la comunidad cristiana una enseñanza de Jesús que apasiona y, a la vez, compromete. Estas palabras en la dinámica de la acogida trazan el camino seguro que conduce a Dios[12].

2. Invitar a los feligreses, en particular a los jóvenes y adultos jóvenes, a implicarse personalmente en los programas de asistencia dirigidosa migrantes y refugiados necesitados, para fomentar la empatía y la compasión.

Los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los laicos y, sobre todo, los hombres y las mujeres jóvenes han de ser sensibles para ofrecer apoyo a tantas hermanas y hermanos que, habiendo huido de la violencia, deben afrontar nuevos estilos de vida y dificultades de integración. El anuncio de la salvación en Jesucristo será fuente de alivio, de esperanza y de «alegría plena» (cf.Jn15,11)[13].

3. Incluir, como parte del programa de formación de los agentes de pastoral migratoria, la adquisición de habilidades para escuchar y herramientas para el asesoramiento.

Por consiguiente, es necesario que, desde el inicio, en los seminarios,«la formación espiritual, teológica, jurídica y pastoral… tenga en cuenta los problemas que plantea el campo pastoral de la movilidad»[14].

4. Animar a los profesionales de la salud y a los trabajadores sociales católicos a desarrollar servicios específicos para migrantes y refugiados necesitados y a formar a los agentes de pastoral, como parte de su misión.

Sociólogos, psicólogos, antropólogos, economistas, juristas y canonistas, moralistas y teólogos, al encontrarse y confrontar sus respectivos conocimientos y experiencias, junto a los Pastores de almas, contribuyen a la profundización de los fenómenos y a la indicación de los medios adecuados[15].

4. VIVIR NUESTRA CATOLICIDAD

Entonces les dijo: Vosotros sabéis que a un judío no le está permitido relacionarse con extranjeros ni entrar en su casa, pero a mí Dios me ha mostrado que no debo llamar profano o impuro a ningún hombre (Hechos 10,28)

Pedro, animado por el Espíritu y por la invitación que le hizo el centurión romano Cornelio, reconoce abiertamente su presuposición de que se deben evitar las personas que pertenecen a diferentes naciones y religiones. Sin embargo, también admite abiertamente que Dios le ha mostrado un camino nuevo y diferente, el camino para invitar a los gentiles a participar en la salvación ofrecida por Cristo y vivida en plenitud en la de la Iglesia. Éste es el camino que, a partir de ese momento, la Iglesia, sostenida por el Espíritu, está llamada a recorrer.

Reto

Una tendencia a una uniformidad prefabricaday a una retórica nacionalista, presente en algunas comunidades católicas locales, es incompatible con el verdadero significado de la Iglesia, que es por naturaleza universal, al estar integrada porpersonas de diferentes idiomas y tradiciones. Esta tendencia genera divisiones y pone en peligro los esfuerzos llevados a cabo para promover una auténtica expresión de la comunión universal de la Iglesia.

Respuesta

La Iglesia católica está llamada a concebir la multiplicidad de sus miembros como una riqueza que hay que apreciar, como una oportunidad que se le brinda para ser cada vez más “católica” y también como un don que hay que celebrar con liturgias dinámicasy respetuosas de las diferentes tradiciones culturales. Esto se puede realizar a través de una serie de acciones y reflexiones tales como:

1. Promover la comprensión de la Iglesia como comunión en la diversidad, a imagen del Dios trino, y fomentar la comprensión de la Iglesia como madre de todos, un único hogar y una única familia para todos los bautizados.

En virtud de esta catolicidad, cada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia, de tal modo que el todo y cada una de las partes aumentan a causa de todos los que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad[16].

2. Acoger la auténtica multiplicidad de las expresiones culturales y religiosas presentes en las comunidades católicas locales, como una oportunidad para aprender de las diferentes tradiciones y promover la apreciación intercultural, a través de una comunicación creativa.

Siendo Sacramento de unidad, la Iglesia supera las barreras y las divisiones ideológicas o raciales, y proclama a todos los hombres y a todas las culturas la necesidad de encaminarse hacia la verdad, desde una perspectiva de justa confrontación, de diálogo y de mutua acogida. Las diversas identidades culturales deben abrirse, así, a una lógica universal, sin desmentir las propias características positivas, más bien poniéndolas al servicio de toda la humanidad. Esta lógica, al mismo tiempo que compromete a cada Iglesia particular, pone de relieve y manifiesta esa unidad en la diversidad que se contempla en la visión trinitaria, que, a su vez, vincula la comunión de todos a la plenitud de la vida personal de cada uno[17].

3. Garantizar la presencia de espacios adecuados para la celebración de la liturgia e invitar a los fieles a asistir a las diferentes celebraciones, para apreciar la riqueza de la espiritualidad y de las tradiciones católicas.

La unidad de la Iglesia no resulta del origen y del idioma comunes, sino del Espíritu de Pentecostés que, acogiendo en un Pueblo a las gentes de hablas y de naciones distintas, confiere a todos la fe en el mismo Señor y la llamada a la misma esperanza[18].

4. La promoción de una pastoral específica – ministros, estructuras y programas – para todos los fieles de diferentes grupos étnicos, ha de entenderse siempre como el primer paso en un proceso de integración, a largo plazo, que tiene como finalidad construir la comunión en la diversidad.

Se ruega a las Conferencias Episcopales que, ante el gran número de migrantes y de peregrinos que existen en la actualidad, encomienden a un sacerdote en calidad de delegado o a una Comisión especial establecida con este fin, el estudio y la dirección de todo lo relacionado con su asistencia espiritual[19].

5. Una formaciónespecífica para desarrollar las capacidades y competencias de los ministros y agentes de pastoral, al fin de promover la implementación de los puntos antes mencionados.

Entra en este orden de ideas también la exigencia, cada vez más evidente, de que la formación espiritual, teológica, jurídica y pastoral en los seminarios y en los varios centros de formación de sacerdotes, tenga en cuenta los problemas que plantea el campo pastoral de la movilidad[20].

6. Formara los seminaristas para servir a una Iglesia, que es católica por naturaleza y cada vez más universal en su expresión vivida, incluyendo cursos específicos en sus estudios teológicos, para mejorar sus competencias lingüísticas, en particular el dominio de los idiomas hablados por los fieles, y animarles a que vivan experiencias pastorales en los países de origen de los fieles migrantes.

La asistencia espiritual de los migrantes reportará frutos más abundantes, si es encomendada a quienes conozcan bien estos factores (es decir, la mentalidad, las peculiaridades de su pensamiento y de su cultura, y las características de su vida espiritual) y dominen lo más perfectamente posible el idioma de los migrantes. De donde se deduce y obtiene plena confirmación que es oportuno encomendar la asistencia espiritual de los migrantes a sacerdotes de la misma lengua y durante todo el tiempo que sea útil[21]

5. CONSIDERAR A LOS MIGRANTESCOMO UNA BENDICIÓN

“No olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles” (Hebreos 13,2)

A menudo, la gracia de Dios se experimenta de manera sorprendente e impredecible. En la carta a los Hebreos, que narra el encuentro de Abrahán y Sara con los tres hombres en Mambré (Génesis 18), se reafirma que los peregrinos y los extranjerospodrían ser los portadores y mensajeros inesperados de la gracia de Dios. Por tanto, es esencial acoger a los desplazados y a los migrantes para estar conectados a este valioso canal, mediante el cual Dios quiere enriquecer y revitalizar nuestras comunidades.

Reto

En aquellos países en los que se registran considerables flujos migratorios, muchas comunidades católicas están compuestas por un elevado porcentaje de migrantes. En algunos casos, la mayoría de los feligreses son extranjeros. Además, en algunas diócesis, la continuidad de los servicios sacramentales y pastorales depende de los sacerdotes que proceden del extranjero. Sin embargo, esto casi nunca se percibe como una bendición, como una ocasión propicia para que florezca de nuevo la vida eclesial, sobre todo cuando, debido al secularismo, el desierto espiritual avanza ominosamente.

Respuesta

La Iglesia Católica está llamada a comprender y a valorar las oportunidades que los migrantescatólicos ofrecen, como una forma de dar nueva vida a las comunidades locales. Esto se puede realizar a través de una serie de acciones tales como:

1. Reconocer la presencia de los migrantes en las comunidades católicas y promover un mejor entendimiento de dicha presencia como una bendición y una ocasión para abrirse a la gracia de Dios, que puede aportar nueva vitalidad a la vida eclesial, ya que los migrantes pueden ser agentes de nuevas dinámicas revitalizadoras.

Las peculiaridades de los emigrantes se vuelven llamamiento a la fraternidad de Pentecostés, donde las diferencias se ven armonizadas por el Espíritu y la caridad se hace auténtica en la aceptación del otro. Las vicisitudes migratorias pueden ser, pues, anuncio del misterio pascual, por el que la muerte y la resurrección tienden a la creación de la humanidad nueva, en la que ya no hay ni esclavos ni extranjeros (cfr. Gal 3,28)[22].

2. Capacitar a los migrantes para que puedan reconocer su propia riqueza como una valiosa aportación a la vida de las comunidades locales, ofreciendo las habilidades y los conocimientos adquiridos en sus comunidades de origen.

[…] Muchosemigrantes han desempeñado desde el principio un papel importantísimo. Fueron precisamente emigrantes los primeros misioneros que colaboraron y apoyaron la obra de los Apóstoles en las regiones de Judea y Samaría. Las emigraciones, como vehículo de la fe, han representado una constante en la historia de la Iglesia y de la evangelización de enteros países. Muchas veces en el origen de comunidades cristianas hoy florecientes encontramos pequeñas colonias de emigrantes que, bajo la guía de un sacerdote, se reunían en modestas iglesias para escuchar la Palabra de Dios y pedirle la fuerza necesaria para afrontar las pruebas y los sacrificios de su dura condición[23].

3. Preparar a los migrantes católicos para ser verdaderos misioneros en los países de destino, testigos de su fe y heraldos del Evangelio. Esta misión debe ser reconocida, promovida y apoyada a través de una eficaz cooperación intereclesial.

Además, es importante recordar que los refugiados y otros desplazados forzosos tienen un gran potencial para la evangelización[…]es necesario sensibilizarles y ofrecerles la necesaria formación, en primer lugar iluminándoles sobre el valor del testimonio, sin excluir el anuncio explícito que tenga en cuenta las situaciones y las circunstancias, respetando siempre y totalmente al otro[24].

4. Promover la participación activa de los migrantes católicos en la vida de las parroquias locales, involucrándolos en los consejos pastorales parroquiales, en los consejos financieros y en otras responsabilidades pastorales.

Los migrantes no sólo deben verse como destinatarios de la solicitud de la Iglesia, sino también como colaboradores activos de su misión. La Iglesia, a la vez que intenta aliviar las dificultades que soportan para vivir su compromiso con Cristo en un nuevo entorno, especialmente en la fase inicial de su asentamiento, les anima a implicarse en la vida y en la misión de la Iglesia[25].

5. Concebir nuevas estructuras pastorales para responder de manera más eficaz a la creciente presencia de los migrantes, es decir, parroquias interculturales, donde los programas pastorales tienen como objetivo construir una comunidad enriquecida por la diversidad.

Pastoral de conjunto expresa aquí, sobre todo, aquella comunión que sabe valorar la pertenencia a culturas y pueblos distintos.(…)En este sentido, es posible prever: laparroquia intercultural e interétnica o interritual, donde se atiende, al mismo tiempo, a la asistencia pastoral a los autóctonos y a los extranjeros residentes en el mismo territorio. La parroquia tradicional territorial sería así un lugar privilegiado y estable de experiencias interétnicas o interculturales, en el que, sin embargo, los grupos individuales conservarían una cierta autonomía[26].

6. Desarrollar programas catequéticos y pastorales innovadores, que tengan en cuenta la presencia significativa de niños y jóvenes de segunda generación y las dinámicas interculturales que pueden promover dentro de las comunidades locales.

Pedimos que se extienda una atención especial a niños y jóvenes migrantes, pues enfrentan la carga de vivir en dos culturas; especialmente para darles oportunidades de liderazgo y de servicio en la comunidad, y para fomentar en ellos las vocaciones[27].

7. Ofrecer programas específicos de formación a los sacerdotes extranjeros que desarrollan su ministerioen las comunidades locales, para dotarles de las competencias necesarias que les permitan serhábiles mediadores de una integración revitalizante entre los fieles locales y los recién llegados.

Es esencial que la colaboración entre las diócesis sea generosa y razonable, para que los sacerdotes y religiosos que participen en estos intercambios sean los indicados para un ministerio tan importante. Es necesario desarrollar y establecer conjuntamente políticas claras para su capacitación y recepción por parte de las diócesis de envío y recepción,incluyendo una etapa de orientación y bienvenida para sacerdotes y religiosos por parte de la diócesis receptora[28].

8. Formar a ministros y seminaristas, para que puedan implementar los puntos antes mencionados.

Esta preparación debe fundarse sobre la revelación profética de la hospitalidad: sobre el anuncio evangélico de lasolidaridad cristiana, sobre el fundamento teológico de los derechos humanos y sobre la convicción absoluta de ladignidad de la persona humana.Es evidente que una formación así motivada es el mejor presupuesto para que las varias disposiciones de la Iglesia en favor de los inmigrantes de cualquier religión, cultura y condición social, puedan ser ejecutadas oportunamente con verdadero espíritu sacerdotal[29].

6. CUMPLIR LA MISIÓN EVANGELIZADORA

Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios? (Hechos 11,17)

Dios Padre, a través del Espíritu Santo, ofrece a todos, sin exclusión, los dones vivificantes de la fe, la esperanza y el amor en Jesús. La Iglesia no debe obstaculizar la misión de Dios reduciendo esta oferta universal en nombre de principios religiosos y etnocéntricos distorsionados. La misión pertenece a Dios y Él ha encomendado esta misión a la Iglesia. La Iglesia cumple su misión siguiendo el ejemplo del Espíritu Santo en el anuncio del Evangelio a todas las naciones.

Reto

Muchas comunidades católicas perciben la llegada de migrantes y refugiados, que profesan otras creencias religiosaso no profesan ninguna, como una amenaza a su identidad religiosa y cultural establecida. Esto a menudo genera actitudes de desconfianza y de recelo que impiden cualquier interacción significativa con ellos.

Respuesta

La Iglesia católica está llamada a ver la presencia de muchos migrantes y refugiados, que profesan otras creencias religiosaso no profesan ninguna, como una oportunidad providencial para cumplir su misión evangelizadora a través del testimonio y la caridad. Esto se puede realizar a través de una serie de acciones tales como:

1. Promover una reflexión misionológica sobre la migración como signo de los tiempos y como una oportunidad para reflexionar sobre la mejor manera en que la Iglesia puede acogera todos y difundir los resultados de tal reflexión entre los fieles.

Con el fin de dar «razones» sobre la atención pastoral de migrantes y refugiados, os invito a profundizar la reflexión teológica sobre las migraciones como signo de los tiempos[30].

2. Preparar a los fieles locales para el encuentro con los migrantes y refugiados, que profesan otras creencias religiosaso no profesan ninguna, ya que representa una ocasión concreta de testimonio gozoso que puede profundizar y fortalecer la fe católica.

Los cristianos están llamados, por consiguiente, a testimoniar y a practicar, además del espíritu de tolerancia, – que es un enorme logro político, cultural y, desde luego, religioso – el respeto por la identidad del otro, estableciendo, donde sea posible y conveniente, procesos de coparticipación con personas de origen y cultura diferentes, con vistas también a un “respetuoso anuncio” de la propia fe[31].

3. Promover actitudes abiertas a la acogida y servicios caritativos hacia todos los migrantes y refugiados dentro de las comunidades locales como un modo conveniente de anunciar el amor misericordioso de Dios y la salvación de Jesucristo.

Por esta razón, la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades.(…)A través de las obras de caridad mostramos nuestra fe (cf.St2,18). Y la mayor caridad es la que se ejerce con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias[32].

4. Reforzar la capacidad de las comunidades locales de participar en el diálogo interreligioso, tomando como punto de partida un estudio sólido y equilibrado de las otras religiones, más allá de las generalizaciones y los prejuicios.

Una sola familia de hermanos y hermanas en sociedades que son cada vez más multiétnicas e interculturales, donde también las personas de diversas religiones se ven impulsadas al diálogo, para que se pueda encontrar una convivencia serena y provechosa en el respeto de las legítimas diferencias[33].

5. Incluir la misión a los migrantes y refugiados en los programas pastorales a nivel diocesano y parroquial.

Las migraciones pueden dar lugar a posibilidades de nueva evangelización, a abrir espacios para que crezca una nueva humanidad, preanunciada en el misterio pascual, una humanidad para la cual cada tierra extranjera es patria y cada patria es tierra extranjera[34].

6. Formar a ministros y seminaristas para que puedan implementar los puntos antes mencionados.

«La pastoral de los emigrantes no es sólo la obra de misioneros individuales, sino que es la obra de toda la Iglesia local, sacerdotes, religiosas y laicos»[35]y es de tal importancia que debe ser objeto de un esfuerzo constante de estudio y de profundización bajo el aspecto teológico, pastoral y organizativo[36].

7. COOPERAR PARAALCANZARLA COMUNIÓN

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. (Juan 10,16)

Nuestra vocación como discípulos misioneros, miembros bautizados de la Iglesia, es promover y fortalecer la comunión y la unidad en la diversidad siguiendo el ejemplo de Jesús. Él es el Pastor que cuida, no sólo de quienes normalmente se consideran“sus ovejas”, sino también de toda la humanidad. El camino de la comunión se convierte entonces en el camino hacia la fraternidad universal.

Reto

Las acciones emprendidas por diferentes entidades católicas, para ayudar a migrantes y refugiados, son a menudo fragmentarias y descoordinadas. Esto puede poner en peligro la eficacia del apostolado, causar divisiones internas y traducirse en la pérdida de recursos. Deficiencias análogas, afectan negativamente la labor que llevan a cabootras entidades que prestan asistencia a migrantes y refugiados.

Respuesta

La Iglesia católica está llamada a promover una cooperación eficaz entre todas las entidades católicas, y entre ellas y todas las demás entidades. Esto se puede realizar a través de una serie de acciones tales como:

1. Garantizar la coordinación de los esfuerzos realizados por todas las entidades católicas comprometidas en la pastoral migrante, mediante la organización de encuentros que deben celebrarse con regularidad, donde todos están llamados a compartir visiones y proyectos para una acción efectiva en comunión con la Iglesia local.

Es necesario, por tanto, determinar cómo la Iglesia local puede ser reforzada de modo que sea capaz de afrontar los retos futuros que surjan debido a la continuidad de los compromisos. Con este fin, las organizaciones caritativas católicas deben siempre trabajar en estrecha colaboración con la estructura local diocesana/de la eparquía bajo la guía del obispo diocesano/de la eparquía. En lo que se refiere a las organizaciones internacionales, los Dicasterios competentes de la Santa Sede pueden ofrecer consejo y asistencia[37].

2. Promover la cooperación entre las Iglesias locales en los países de origen, tránsito y destino de migrantes y refugiados, sobre la base de una responsabilidad pastoral compartida. En última instancia, es una única Iglesia la que se ocupa de los migrantes y los refugiados.

Por su parte, las Iglesias de origen, las de tránsito y las de acogida de los flujos migratorios intensifiquen su cooperación, tanto en beneficio de quien parte como, de quien llega y, en todo caso, de quien necesita encontrar en su camino el rostro misericordioso de Cristo en la acogida del prójimo[38].

3. Fortalecer la cooperación ecuménica, tanto en la oración como en la acción, comenzando por promover la planificación pastoral conjunta entre los líderes cristianos que trabajan en el mismo territorio.

En esta obra de caridad, la colaboración entre las Iglesias cristianas y las distintas religiones no cristianas llevará a nuevas etapas en la búsqueda y en la realización de una unidad más profunda de la familia humana[39].

4. Promover más encuentrosinterreligiosos a nivel local y en otros lugares, con el fin de reflexionar juntos sobre la migración, defender los derechos de los migrantes y los refugiados y difundir el mensaje de la fraternidad universal.

A este respecto, la Iglesia católica siente cómo va siendo cada vez más importante la necesidad de un diálogo que, a partir de la conciencia de la identidad de la propia fe, pueda ayudar a las personas a entrar en contacto con las otras religiones. Diálogo indica no sólo el coloquio, sino también el conjunto de las relaciones inter-religiosas, positivas y constructivas, con personas y comunidades de otras creencias, para un conocimiento mutuo[40].

5. Promover acciones conjuntas y la cooperación entre diferentes organizaciones religiosas, organizaciones de la sociedad civil, gobiernos y agencias internacionales con el fin de perseguir juntos unnosotrosmás grande.

De acuerdo con su tradición pastoral, la Iglesia está dispuesta a comprometerse en primera persona para que se lleven a cabo todas las iniciativas que se han propuesto más arriba. Sin embargo, para obtener los resultados esperados es imprescindible la contribución de la comunidad política y de la sociedad civil —cada una según sus propias responsabilidades—[41].

CONCLUSIÓN

Las comunidades católicas, cada vez más libres de todo miedo, especialmente de los miedos que se basan en percepciones equivocadas, están llamadas a tender puentes con los recién llegados, promoviendo una auténtica cultura del encuentro. Esperamos sinceramente que estas Orientaciones ayuden a sus lectores a convertirse realmente en constructores de puentes, deseosos de profundizar su conciencia, a través de la experiencia, de la riqueza que la presencia de migrantes y refugiados aporta a nuestras comunidades.

Considerando cada ocasión de encuentro con los migrantes y los refugiados necesitados como una oportunidad paraencontrarsecon Jesucristo mismo (cf.Mt25, 35), se invita a las comunidades católicas a comprender y valorar las oportunidades que los migrantes ofrecen para llevar una vida nueva a sus comunidades, y crecer en el aprecio por el otro, celebrando liturgias vibrantes y respetuosas de las diferentes tradiciones culturales.

Se invita también a las comunidades católicas a ver la presencia de muchos migrantes y refugiados no cristianos o no creyentes, como una oportunidad providencial para cumplir la misión evangelizadora de la Iglesia a través del testimonio y la caridad.

Haciendo esto, las comunidades católicas promoverán naturalmente una cooperación eficaz entre todas las instituciones, contribuyendo a la imagen y a la invitación que el profeta Isaías hizo al pueblo de Dios: “A los extranjeros que se han unido al Señor (…) los traeré a mi monte santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración (…) porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos” (Is56, 6-7).

Gracias a la conciencia de la presencia de los migrantes y refugiados que, por gracia de Dios, está creciendo en las comunidades católicas, la Iglesia seguirá poniendo de relieve la multiplicidad de sus miembros como una riqueza que hay que apreciar, y las aportaciones de los desplazados como una oportunidad para expresar, con mayor firmeza y visibilidad, la catolicidad de nuestra fe.

Para los miembros de la Iglesia católica este llamamiento se traduce en un compromiso por ser cada vez más fieles a su ser católicos (…). Su Espíritu nos hace capaces de abrazar a todos para crear comunión en la diversidad, armonizando las diferencias sin nunca imponer una uniformidad que despersonaliza. En el encuentro con la diversidad de los extranjeros, de los migrantes, de los refugiados y en el diálogo intercultural que puede surgir, se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente. Por eso, todo bautizado, dondequiera que se encuentre, es miembro de pleno derecho de la comunidad eclesial local, miembro de la única Iglesia, residente en la única casa, componente de la única familia[42].

Ciertamente, la finalidad de estas Orientaciones Pastorales es queempecemos desde abajo y nos expandamos hasta los confines más lejanos de nuestros países para acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados, edificando el Reino de Dios en la fraternidad y en la universalidad, y unirnosa Zacarías mientras canta: “Y el juramento quejuróa nuestro padre Abrahán para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestrosdías” (Lucas 1,73-75).

__________________________________

[1]Papa Francisco,Audiencia general, 3 de abril de 2019.

[2]EMCC, 41.

[3]Francisco,Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2014.

[4]ACR, 42.

[5]Juan Pablo II,Discurso a la Comisión Católica Internacional para las Migraciones, 12 de noviembre de 2001.

[6]Francisco,Discurso del Santo Padre Francisco a los profesores y estudiantes del “Collegio San Carlo” de Milán, Aula Pablo VI, 6 de abril de 2019.

[7]RDS, 25.

[8]Juan Pablo II,Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2005.

[9]EMCC, 96.

[10]EMCC, 100.

[11]Francisco,Viaje Apostólico de Su Santidad Francisco a Panamá con ocasión de la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud, Encuentro con los Obispos Centroamericanos (SEDAC), 24 de enero de 2019.

[12]Francisco,Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2017.

[13]Benedicto XVI,Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2011.

[14]ACR, 101.

[15]IMH, 40.

[16]LG, 13.

[17]EMCC, 34.

[18]Cf. EMCC, 103.

[19]Pablo VI, InstrucciónPastorali Migratorum Cura: Sobre el cuidado pastoral de las personas que migran, Ciudad del Vaticano, 1969.

[20]IMH, 33.

[21]Pablo VI, InstrucciónPastorali Migratorum Cura: Sobre el cuidado pastoral de las personas que migran, Ciudad del Vaticano, 1969.

[22]EMCC, 18.

[23]Juan Pablo II,A causa de las emigraciones, pueblos extraños al mensaje cristiano han conocido, apreciado y, muchas veces, abrazado la fe gracias a la mediación de sus mismos emigrantes, Mensaje para el Día Mundial del Emigrante 1989, 10 de septiembre de 1989.

[24]ACR, 88.

[25]Conferencia Episcopal Australiana, Sobre la Pastoral de los Migrantes y Refugiados, Declaración, 2000.

[26]EMCC, 93.

[27]Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos,Juntos en el camino de la esperanza: ya no somos extranjeros, 2003.

[28]Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos,Juntos en el camino de la esperanza: ya no somos extranjeros, 2003.

[29]PMH, 5.

[30]Francisco,Discurso a los miembros de la Federación Internacional de Universidades Católicas, 4 de noviembre de 2017.

[31]EMCC, 9.

[32]Francisco,Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2019.

[33]Benedicto XVI,Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2010.

[34]Francisco,Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2014.

[35]Juan Pablo II,Discurso al II Congreso mundial de pastoral de la emigración, Ciudad del Vaticano, 15 de marzo de 1979.

[36]PHM, 5.

[37]ACR, 102.

[38]Benedicto XVI,Mensaje para la 98ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2012.

[39]RDS, 34.

[40]Congregación para la Educación Católica,Educar al Diálogo Intercultural en la Escuela Católica. Vivir juntos para una civilización del amor, Ciudad del Vaticano 2013, 13.

[41]Francisco,Mensaje para la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados, Ciudad del Vaticano, 2018.

[42]Francisco,Mensaje para laJornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Ciudad del Vaticano, 2021.

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