Letras apostólicas para el nombramiento de Mons. D. Luis Javier Argüello García como Arzobispo metropolitano de Valladolid

FRANCISCO, OBISPO, Siervo de los Siervos de Dios, al venerable hermano Luis Javier Argüello García, hasta ahora Obispo titular de Ipagro y auxiliar de la Archidiócesis de Valladolid, constituido Arzobispo metropolitano de la misma, salud y bendición apostólica.

Invocando la Luz de los corazones, es decir, al Espíritu Santo que venga constantemente al desempeño nada fácil del gobierno apostólico de la nave de Pedro, que es la Iglesia, con ánimo ferviente y empeño infatigable, la defendemos de la falta de pastores y de fuerzas fuerzas para la obra de la evengelización.

Directamente por estas causas, habiendo quedado vacante la comunidad metropolitana de Valladolid, después de la renuncia de nuestro venerable hermano Ricardo, cardenal de la Santa Romana Iglesia Blázquez Pérez, solícitamente nos apresuramos a nombrarle un nuevo prelado. Y puesto que tú, venerable hermano, y ya estás experimentado en el ministerio episcopal y sobresales verdaderamente enseñando a los fieles las directrices de la vida cristiana y estando también adornado con sólidas virtudes, convenientes para el ministerio episcopal, Nos pareces apto para asumir el cuidado pastoral en la Iglesia archidiocesana en la que ya como auxiliar prestas diligentemente tu servicio.

Es por ello que, oído el consejo del Dicasterio para los Obispos, quedando la elección ciertamente muy bien ponderada, te nombramos y constituimos Arzobispo metropolitano Vallisoletano, dándote todos los derechos y obligaciones impuestas inherentes a este oficio, quedando libre del oficio de auxiliar y del vínculo con tu sede titular.

Haz conocer éste Nuestro decreto a todos los fieles cristianos y al clero, para que puedan, con espíritu alegre, mostrarte un signo tanto de obediencia filial como de afecto. Y así, venerable hermano, te exhortamos a que, conducido por el soplo del Espíritu Santo, con la intercesión y precedencia de Santa María, la Virgen, logres atraer hasta Cristo, luz de los corazones, a todos los fieles encomendados a tu cuidado.

Dado en Roma, en Letrán, el día diecisiete de junio, del año del Señor dos mil veintidós, décimo de Nuestro Pontificado.

Francisco Piva, Protonotario Apostólico

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