Letras apostólicas para el nombramiento de D. José María Avendaño Perea como Obispo auxiliar de Getafe

FRANCISCO, OBISPO, Siervo de los Siervos de Dios, al querido hijo José María Avendaño Perea, del clero de la Diócesis de Getafe, y ahí, hasta ahora, Vicario general, constituido Obispo auxiliar de esa misma comunidad eclesial y nombrado Obispo titular de Iliberi, salud y bendición.

Dios nos amó y nos salvó y nos llamó con una vocación santa, según su propósito y la gracia que nos ha sido dada en Cristo Jesús desde antes de los siglos, escribe san Pablo a Timoteo (cf. 2 Tim 1, 9). Nos, sirviendo con cuidado el ministerio apostólico, meditamos constantemente en este inefable don de la divina caridad y buscamos varones aptos para llevar a cabo el servicio fiel de la predicación del Evangelio en comunión con nosotros. Puesto que el Obispo de la Iglesia de Getafe, el venerable hermano Ginés Ramón García Beltrán, ha solicitado recientemente un auxiliar para las tareas pastorales, accedemos con gusto a su petición. Ya que tú, querido hijo, gozas de las necesarias dotes sacerdotales y sobresales en las capacidades de llevar los asuntos con recta doctrina, decidimos elegirte para esta función.

Así, pues, una vez escuchada la decisión del Dicasterio para los Obispos y de haberlo meditado, te nombramos y constituimos a la vez Obispo titular de de la Sede de Iliberi y auxiliar de la Diócesis de Getafe, concedidos todos los derechos merecidos e impuestas las correspondientes obligaciones, según las normas del Código de Derecho Canónico.

En cuanto a tu ordenación episcopal, permitimos de buena gana que la recibas de un obispo católico fuera de Roma, cumpliendo las normas litúrgicas. Antes, siguiendo el ritual, debes hacer la profesión de fe y el juramento de fidelidad a Nos y a nuestros sucesores.

Finalmente, te exhortamos a que ejerzas con corazón ardiente tu ministerio en la tarea confiada en unión con tu obispo, encomendándote cada día a la intercesión de la bienaventurada Virgen María y que pidas para ti con insistencia la luz del Espíritu Santo para predicar con empeño el Evangelio del Emmanuel, es decir, Dios con nosotros en Cristo que nos amó hasta el extremo, como escribe san Juan (cf. Jn 13, 1).

Dado en Roma, en el Leterano, el día treinta de septiembre, del año del Señor dos mil veintidós, décimo de nuestro Pontificado.

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Francisco Piva, Protonotario Apostólico

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