Francisco pide evitar juicios y actitudes que no asumen la complejidad de la vida

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16 de junio de 2016.– El papa Francisco ha ofrecido una profunda reflexión y claves de lectura de su exhortación apostólica Amoris laetitia, recientemente publicada. El Santo Padre ha aprovechado la apertura del Congreso eclesial de la diócesis de Roma, en la Basílica de San Juan de Letrán, que este año aborda precisamente dicho documento pontificio para recuperar algunas “ideas/tensiones – claves, surgidas durante el camino sinodal” que pueden ayudar a comprender mejor el espíritu que se refleja en la exhortación.

Y para hacerlo ha utilizado tres imágenes bíblicas de las que ha sacado tres conclusiones: la vida de cada persona, la vida de cada familia debe ser tratada con mucho respeto y cuidado, especialmente cuando reflexionamos sobre estas cosas; tener cuidado para no hacer una pastoral de guetos y para guetos; dar espacio a los ancianos para que vuelvan a soñar.

Un respeto “cargado de preocupaciones y preguntas honestas que miraban al cuidado de las vidas que estamos llamados a pastorear”. El dar rostro a los temas, ha asegurado el Santo Padre, ayuda a “no darse prisa para obtener conclusiones bien formuladas pero muchas veces carentes de vida” y ayuda a “no hablar en abstracto”. Porque muchas veces nos volvemos ‘Pelagianos’, dijo.“Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa”. Esta ha sido la primera imagen usada por el Papa en su discurso. Al respecto ha señalado que el terreno que había que atravesar, los temas a afrontar en el Sínodo, “necesitaban una actitud determinada”. Teníamos delante –ha asegurado– los rostros concretos de muchas familias. “Este dar rostro a los temas exigía y exige un clima de respeto capaz de ayudarnos y escuchar aquello que Dios nos está diciendo dentro de nuestras situaciones”, ha precisado el Papa.

Asimismo ha precisado que las familias “no son un problema, sino una oportunidad que Dios nos pone adelante”. Oportunidad que “nos desafía a suscitar una creatividad misionera capaz de abrazar todas las situaciones concretas”, y no solo en nuestras parroquias sino saliendo a buscarlas. Otro desafío al que ha hecho referencia es el de “no dar nada ni nadie por perdido, sino buscar, renovar la esperanza de saber que Dios continúa actuando dentro de nuestras familias”, “no abandonar a nadie porque no está a la altura de lo que se le pide”. Reflexionar sobre la vida de nuestras familias –ha insistido Francisco– así como son y así como están, nos pide quitarnos las sandalias para descubrir la presencia de Dios.

La segunda imagen es la del fariseo cuando reza diciendo “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano”. Al respecto, el Pontífice ha advertido de que una de las tentaciones a las que estamos expuestos continuamente es a tener una “lógica separatista”, especialmente los que viven en una situación diversa, porque la identidad no me la da el aislarme de los otros, sino el Señor. El Papa ha asegurado que no podemos analizar, reflexionar y todavía menos rezar sobre la realidad “como si estuviéramos en lados o senderos distintos, como si estuviéramos fuera de la historia”. Todos –ha subrayado– necesitamos convertirnos.

Asimismo ha indicado que el acento puesto en la misericordia “nos pone frente a la realidad de forma realista, pero no con un realismo cualquiera, sino con el realismo de Dios”. Los análisis son importantes y necesarios pero “nada se puede comparar con el realismo evangélico, que no se detiene a la descripción de las situaciones, de las problemáticas -menos aún del pecado- sino que va siempre más allá y logra ver detrás de cada rostro, cada historia, cada situación, una oportunidad, una posibilidad”. El Papa ha asegurado que esto no significa no ser claros en la doctrina, sino “evitar caer en juicios y actitudes que no asumen la complejidad de la vida”.

El realismo evangélico –ha aseverado– se ensucia las manos porque sabe que “grano y cizaña” crecen juntos, y el mejor grano, en esta vida, estará siempre mezclado con un poco de cizaña.

Recordó un capitel medieval en una iglesia en Francia al inicio del camino hacia Santiago, en el que está Judas que se ahorca y del otro lado Jesús que lo carga. Y volviendo a la imagen bíblica de fariseo señaló el peligro del Te agradezco que soy de la Acción Católica, de la Cáritas, etc. y no como los de estos barrios que son delincuentes…. “esto no ayuda a la pastoral”, dijo el papa.

Finalmente, la tercera imagen evocada por el Papa es “sus ancianos tendrán sueños proféticos” del libro de Joel. Con esta imagen el Santo Padre ha querido subrayar la importancia que los Padres sinodales han dado al valor del testimonio como lugar en el que se puede encontrar el sueño de Dios y la vida de los hombres.

Los sueños de los ancianos van junto con “las visiones de los jóvenes”. Por eso, el Pontífice ha asegurado que es bonito encontrar matrimonios, parejas, que siendo mayores continúan buscándose, mirándose, queriéndose y eligiéndose. “Es muy bonito encontrar ‘abuelos’ que muestran en sus rostros arrugados por el tiempo la alegría que nace del haber hecho una elección de amor y por amor”, ha subrayado. Y la contradicción del que se casa y piensa: ‘tanto en dos o tres años vuelvo a la casa de mamá’.

En esta línea ha advertido de que como sociedad “hemos privado de su voz a los ancianos, y esto es un pecado social de ahora. Les hemos privado de su espacio”. Y descartándoles, “hemos descartado la posibilidad de tomar contacto con el secreto que les ha permitido ir adelante”. Esta falta de modelos –ha observado Francisco– no permite a las jóvenes generaciones tener visiones.

“Tenemos necesidad de los sueños de los abuelos” dijo. Y añadió que no por caso cuando Jesús es llevado al templo fue recibido por dos abuelos que contaron su sueño. “Esta es la hora de los abuelos… que sueñen y los jóvenes aprenda a profetizar estos sueños”

Para concluir, el Santo Padre ha invitado a desarrollar una pastoral familiar capaz de recibir, acompañar, discernir e integrar. Una pastoral –ha precisado– que permita y haga posible el andamio apto para que la vida confiada a nosotros encuentre el apoyo de quien tiene necesidad para desarrollarse según el sueño de Dios.

(ZENIT)

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