El amor cristiano es amor concreto

fran15092015

Viernes 11 de noviembre de 2016

Homilía del Santo Padre Francisco
XXXII Viernes del Tiempo Ordinario

La segunda Carta de San Juan Apóstol (2Jn 4-9) describe un diálogo de amor entre el pastor y su Esposa, la Iglesia. No pienses que escribo para mandar algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. El mandamiento que hemos recibido del Señor es caminar en el amor. Pero, ¿de qué amor se trata? Esa palabra se usa hoy para tantas cosas: se habla de amor en una novela o una telenovela, de amor teórico. Pero, ¿cuál es el criterio del amor cristiano? El criterio es la Encarnación del Verbo. Es que han salido en el mundo muchos embusteros, que no reconocen que Jesucristo vino en la carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo. Quien niegue eso, quien no lo reconoce, ¡es el anticristo! Un amor que no reconoce que Jesús vino en la Carne, no es el amor que Dios nos manda. Es un amor mundano, un amor filosófico, un amor abstracto, un amor venido a menos, un amor flojo. ¡No! El criterio del amor cristiano es la Encarnación del Verbo. Quien diga que el amor cristiano es otra cosa, es el anticristo y no reconoce que el Verbo vino en la Carne. Esa es nuestra verdad: Dios envió a su Hijo, se encarnó y vivió como nosotros. Amar como amó Jesús; amar como nos enseñó Jesús; amar con el ejemplo de Jesús; amar, caminando por la senda de Jesús. Y la senda de Jesús es dar la vida.

La única manera de amar como amó Jesús es salir continuamente del egoísmo e ir al servicio de los demás. Porque el amor cristiano es amor concreto, porque es concreta la presencia de Dios en Jesucristo. Todo el que se propasa y no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios. Por tanto, ojo a quien se propasa de la doctrina de la carne, de la Encarnación, porque ni está en la doctrina de Cristo, ni posee a Dios. Sobrepasarse es salir del Misterio de la Encarnación del Verbo, del Misterio de la Iglesia. Porque la Iglesia es la comunidad en torno a la presencia de Cristo. Del que se propasa nacen todas las ideologías: ideologías sobre el amor, ideologías sobre la Iglesia, ideologías que quitan a la Iglesia la Carne de Cristo. ¡Esas ideologías desencarnan la Iglesia! ‘Sí, yo soy católico; sí soy cristiano; yo amo a todo el mundo con un amor universal’. Pero eso es tan etéreo. Un amor es siempre concreto y no se sale de la doctrina de la Encarnación del Verbo.

Quien no ama como Cristo ama a su Esposa, la Iglesia, con su carne y dando la vida, ama ideológicamente. Porque el modo de hacer de las teorías, de las ideologías y de las propuestas de religiosidad que quitan la Carne a Cristo, que quitan la Carne a la Iglesia, arruinan la comunidad, destrozan la Iglesia. Si empezamos a teorizar sobre el amor llegaremos a transformar lo que Dios quiso con la Encarnación del Verbo, y llegaremos a un Dios sin Cristo, a un Cristo sin Iglesia y a una Iglesia sin pueblo.

Pidamos al Señor que nuestro caminar en el amor nunca haga de nosotros un amor abstracto, sino que el amor sea concreto, con obras de misericordia, que toque la Carne de Cristo, de Cristo Encarnado. Por eso, el diácono Lorenzo dijo: ¡Los pobres son el tesoro de la Iglesia! ¿Por qué? ¡Porque son la carne de Cristo que sufre! Pidamos esta gracia de no sobrepasarnos ni entrar en ese proceso —que seduce a tanta gente— de intelectualizar, de ideologizar ese amor, desencarnando la Iglesia, desencarnando el amor cristiano. Y no llegar al triste espectáculo de un Dios sin Cristo, de un Cristo sin Iglesia y una Iglesia sin pueblo.

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