Lectio divina para el Domingo de la Palabra de Dios

Lectio divina

«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios» (Mc 1, 14-20)

Introducción

El 30 de septiembre de 2020 se cumplían 1600 años de la muerte de san Jerónimo. Con motivo de esta efeméride el papa Francisco escribió la carta apostólica Scripturae Sacrae affectus, que comienza con unas palabras tomadas de la liturgia de ese día: «Una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita es la herencia que san Jerónimo ha dejado a la Iglesia a través de su vida y de sus obras».

Con la celebración del Domingo de la Palabra de Diosel papa desea que en cada creyente y en toda la Iglesia se haga realidad ese mismo afecto por la Palabra Divina que tuvo san Jerónimo, el cual, «poniéndose a la escucha, se encontró a sí mismo en la Sagrada Escritura, como también el Rostro de Dios y de los hermanos». El proyecto de construir un mundo fraterno, que es el proyecto de Dios para este mundo, necesita asiduos oyentes de la Palabra.

«Lee muy a menudo las Divinas Escrituras, o mejor, nunca el texto sagrado se te caiga de las manos». Esta exhortación que san Jerónimo hacía a sus con-temporáneos, citada por el papa Francisco en su carta apostólica, nos mueve a volvernos a la Palabra, a leerla con mucha atención, a meditarla en nuestro corazón y en medio de nuestra comunidad. Por medio de la Palabra, Dios sigue saliendo a nuestro encuentro para hablar como se hace con un amigo. En la Palabra contemplamos a Dios y reconocemos su proyecto de salvación para todos los hombres y mujeres de la Tierra.

Que la lectio divina del evangelio de este domingo nos anime a la lectura orante de la Biblia y a la familiaridad con la Palabra de Dios, conscientes de lo que decía san Jerónimo: «Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».

Guía de lectura

«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios» (Mc 1, 14-20)

Ambientación

Hemos celebrado la Navidad recordando la encarnación de nuestro Salvador. El pasaje que leemos hoy, del inicio del evangelio según san Marcos, nos acerca a Jesús en los primeros pasos de su vida pública. Juan Bautista ha sido arrestado y el Señor, tras el bautismo y lleno del Espíritu Santo, comienza su misión: «Está cerca el reino de Dios».

Para descubrir la identidad profunda del Señor tenemos que seguirlo como discípulos, tal y como lo hicieron las dos primeras parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago y Juan. Al inicio del Tiempo ordinario, nos ponemos a la escucha de la llamada que el Señor nos sigue haciendo a cada uno de nosotros para implicarnos en la construcción del Reino.

Miramos nuestra vida

Las primeras palabras de Jesús en el evangelio de Marcos se refieren al cumplimiento de las promesas de Dios, de su proyecto de salvación. El Reino está entrando en su etapa definitiva. Es una buena noticia que exige nuestra atención. También requiere la implicación personal respondiendo a la llamada de Jesús.

—¿Cuáles crees que son los proyectos que promueve nuestra sociedad para los que formamos parte de ella? ¿Qué intereses hay detrás de esos proyec-tos? ¿De qué medios dispone la sociedad para divulgarlos?

—En los ambientes en los que te mueves cada día, ¿escuchas hablar del Reino de Dios? ¿Cómo te imaginas el proyecto de Dios, el proyecto del Reino?

—¿Te consideras invitado a colaborar en él? ¿Desde cuándo?

Escuchamos la Palabra de Dios

Desde el momento en el que Jesús comienza su ministerio público siempre aparece acompañado por aquellos a los que ha llamado. La proclamación del reino de Dios requiere de colaboradores y, por eso, Jesús los busca, los elige y los llama. Se crea así una pequeña comunidad, un germen de la Iglesia, como algo inseparable del anuncio del Reino.

—Hacemos un momento de silencio para prepararnos a la escucha de la Palabra de Dios

.—Proclamamos el Evangelio: Mc 1, 14-20.

—Reflexionamos en silencio. Para ello nos puede ayudar releer atentamente el texto fijándonos en diversos detalles, en los personajes, en lo que dicen, en lo que hacen…

—Tratamos de responder a las siguientes preguntas:

• En este episodio, ¿qué hace Jesús, qué ve, qué dice? ¿Dónde tienen lugar los acontecimientos?

• ¿Qué les encarga Jesús a estas dos parejas de hermanos? ¿Qué les promete?

• ¿Cuál es la reacción de estos cuatro primeros discípulos?

• ¿Qué cambios se producen en sus vidas a partir de este momento?

Volvemos sobre nuestra vida

La llamada de Jesús a los primeros discípulos no es solo un hecho del pasado. Igualmente, el proyecto del Reino no es tarea ya concluida. El Señor sigue pasando a nuestro lado e invitándonos a convertirnos, a acoger con alegría el plan de Dios y a seguirlo en la hermosa tarea de construir el Reino. Mirando a aquellos que se embarcaron en esta aventura con Jesús y fijándonos en su respuesta, nosotros nos preguntamos:

—En medio de las circunstancias en las que hoy vivimos, ¿cómo podéis tú y tu comunidad colaborar en el proyecto de Dios? ¿Es necesario para ello convertirte, cambiar algunas cosas en tu vida? ¿Cuáles?

—¿Qué significa hoy para ti ser discípulo de Jesús? ¿Cómo puedes ser “pescador de hombres”?

Oramos

Como recoge el evangelista Marcos en otro pasaje, Jesús llama a sus discípulos para que estén con él y para enviarlos a anunciar el Reino. Estar con Jesús es mirarlo, escucharlo, aprender de sus gestos, imitar sus actitudes. La oración es una forma de permanecer en él, de recordar sus palabras. En la oración, los cristianos reconocemos actualizada la invitación del Señor a ser sus discípulos. En ella aprendemos lo que significa ser pescadores de hombres en cada momento de nuestra vida.

Traemos a un momento de oración todo lo que hemos descubierto juntos en la escucha de la Palabra de Dios.

—Escuchamos de nuevo Mc 1, 14-20.

—Dejamos un momento de silencio para que cada uno haga suya esta Palabra y terminamos compartiendo con los demás miembros del grupo nuestra oración.

—Podemos acabar la reunión cantando juntos «Tú has venido a la orilla», «Pescador» o «Anunciaremos tu Reino».

—Terminamos rezando juntos el padrenuestro. ¡Venga tu Reino, Señor!

Explicación del pasaje

—El evangelista Marcos, después de la introducción en la que presenta a Juan el Bautista y tras el relato del bautismo y las tentaciones, sitúa a Jesús en un nuevo escenario. Desde Judea se marcha a Galilea, la tierra en la que se ha criado.

En el evangelio de hoy podemos distinguir fácilmente dos momentos. El primero es un breve sumario de la actividad de Jesús. El segundo relata la voca-ción de los cuatro primeros discípulos.

—Jesús comienza a proclamar públicamente su mensaje: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio». Estas son las primeras palabras que el evangelista pone en boca de Jesús. Se ha cumplido el tiempo previsto y anunciado por los profetas. El proyecto de Dios ha llegado a su madurez e irrumpe en medio de este mundo con Jesús de Nazaret. La llegada del Reino requiere dos actitudes.

En primer lugar, exige conversión. La novedad que aparece en escena con Jesús es tal que, si no se escucha con una mente renovada y con un corazón nuevo, es difícil acogerla y descubrirla. Y, en segundo lugar, la llegada del Reino pide confianza en Dios y en su proyecto. Es preciso acoger con fe a Jesús y su Evangelio.

—La tarea que Jesús inicia en Galilea no va a llevarla adelante él solo. Lo primero que hace es llamar a cuatro discípulos, dos parejas de hermanos.

Así, pasando junto al lago, ve a dos hermanos, Simón y Andrés, que están pescando y los anima a que le sigan diciéndoles además que los va a convertir en pescadores de hombres. Algo parecido sucede a continuación con otra pareja de hermanos, Santiago y Juan, que están reparando las redes junto a su padre Zebedeo. Los cuatro responden del mismo modo: dejan algo atrás —los dos primeros dejan las redes, los otros dos a su padre— y se van tras Jesús.

Es importante caer en la cuenta de que la presentación que hace el evangelista de esta escena no persigue describir en detalle cómo se desarrolló el encuentro entre Jesús y los cuatro primeros discípulos. Sin duda sorprende que esas dos parejas de hermanos dejen sus trabajos y la seguridad de su familia por la llamada de un desconocido que pasa por primera vez a su lado. Más allá de unas determinadas circunstancias concretas, lo que el evangelista Marcos quiere presentar con esta escena son los rasgos esenciales del discipulado cristiano.

Así pues, hemos de fijarnos en algunos de los rasgos importantes del discipulado según el evangelio de Marcos que se vislumbran en este pasaje:

—La iniciativa es de Jesús. El seguimiento es la respuesta a una llamada del Maestro.

—Las palabras de Jesús contienen, además de la llamada al seguimiento, una promesa que anticipa la misión: «Os haré pescadores de hombres». No se trata solo de una correlación entre el oficio actual de Simón y una nueva encomienda. En el entorno simbólico de la Escritura, el mar es el ámbito de la muerte, del pecado, del demonio, de cuanto acecha al ser humano para arruinar su vida. Ser pescadores de hombres significa, pues, rescatar a todo ser humano que sufre la opresión de la muerte, del pecado, del hambre, de la marginación, etc.

—La respuesta de esos pescadores es inmediata. No hay ningún tipo de aclaración de Jesús o negociación con él.

—Los que se disponen a seguir a Jesús dejan atrás elementos fundamentales en sus vidas relativos a su trabajo y a su familia. Ser discípulo de Jesús conlleva la renuncia de aquello que puede dificultar el seguimiento y la nueva tarea.

Marcos pone en relación estos dos momentos al comienzo del evangelio —anuncio del Reino y seguimiento—, indicando así que para conocer en pro-fundidad a Jesús y la Buena Noticia que él anunció es preciso seguir su cami-no como discípulos.

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