Mensaje del Arzobispo Mayor de Kiev-Halyč

¡Alabado sea Jesucristo!

Queridos hermanos y hermanas en Cristo. Hoy es 8 de marzo de 2022 y Ucrania está viviendo el 13º día de esta guerra espantosa.

Lo que está ocurriendo hoy en las tierras de nuestra patria, algunos historiadores ya lo llaman el «Milagro sobre el río Dnipró». Algo parecido al milagro sobre el río Vístula que ocurrió hace casi 100 años, cuando el ejército polaco detuvo la invasión de las hordas rojas defendiendo la independencia y el derecho a existir del renacido Estado polaco.

Hoy este milagro sobre el río Dnipró lo está realizando nuestro ejército ucraniano. Está deteniendo esta nueva invasión de nuestro vecino del norte, invasión que trae destrucción y muerte a nuestra tierra y trata de destruir al pueblo ucraniano amante de la libertad.

Pero con la fuerza del amor, del amor a nuestra patria, con la fuerza de la unidad del pueblo ucraniano, hemos sorprendido al mundo. Hemos creado el milagro de un pueblo de demuestra ante el mundo entero su amor por la independencia, y con esto estamos asombrado al mundo entero.

Hoy nos ponemos especialmente en oración rezando por nuestro ejército ucraniano. Por aquellos que hoy defienden la paz en Ucrania. Por aquellos que hoy defienden a nuestra población civil, que es la que más está sufriendo esta agresión rusa.

Hoy llega a Ucrania, a Lviv, un enviado especial del Papa Francisco, el cardenal Konrad Krajewski, y así la Sede Apostólica comienza una misión humanitaria particular en Ucrania. Queremos recibir a nuestro invitado dignamente y ayudarle a ver, a ver las heridas de Ucrania. Como lo pide el Santo Padre, quien pide que le ayuden a tocar las heridas de Cristo en el cuerpo del pueblo ucraniano malherido por la guerra.

Queremos visitar junto con él los lugares más difíciles. Hoy, de nuevo, Ucrania se encuentra en circunstancias en las que millones de personas se ven obligadas a huir, en las que nuestras mujeres y niños se ven obligados a abandonar sus hogares. Y la Iglesia está y estará con su gente. Estará allí donde sea más difícil. Estará allí donde más se necesite nuestra presencia, para abrazar a estas personas, para atenderlas, para aliviarles los sufrimientos de esta guerra.

Hoy quiero dar las gracias a todos los que expresan y muestran su amor y apoyo eficaz a nuestro pueblo. Me gustaría dar las gracias especialmente a los católicos de Moldavia. En particular a monseñor Antonio Kosha, obispo de Chisináu, quien de modo especial ha organizado el apoyo y la acogida de nuestros emigrantes, de nuestros refugiados, que se encuentran hoy en suelo moldavo. Monseñor, ¡muchas gracias! Agradezco a todos los que hoy abren sus brazos a las víctimas de la agresión rusa.

Hoy hago un llamamiento a todos: «¡Recen por Ucrania!». Hago un llamamiento a la comunidad mundial: «¡Hagan todo lo posible para detener esta locura!» Porque ante nuestros ojos hoy Ucrania está siendo crucificada. No hay noche que las bombas no caigan sobre las cabezas de los civiles. ¡Juntos paremos la guerra! ¡Juntos seamos herramientas, instrumentos de la paz de Dios en nuestros tiempos!

Oh Dios, salva a Ucrania. Oh Dios, salva a tus hijos. ¡Oh Dios, sostén, da la victoria a nuestro ejército! Oh Dios, bendice a Ucrania.

¡Alabado sea Jesucristo!

+ Sviatoslav Shevchuk
Arzobispo Mayor de Kiev-Halyč
Primado de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana

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