Mensaje de Mons. D. Salvador Giménez Valls a la diócesis de Menorca

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Mons. D. SALVADOR GIMÉNEZ VALLS
Obispo electo de Lérida
Administrador diocesano de Menorca

Menorca, 28 de julio de 2015

El pasado día 11 de julio se cumplía el sexto aniversario de mi ministerio episcopal en la diócesis de Menorca. El papa Benedicto XVI, que me encargó este servicio, me nombró unos meses antes (septiembre de 2008) Administrador Apostólico lo que me permitió hacerme cargo de la responsabilidad pastoral de un modo gradual, puesto que lo simultaneaba con el de Obispo Auxiliar de Valencia. Desde el primer día, incluso en ese período de provisionalidad, me sentí acogido y querido por todos vosotros. Nunca agradeceré lo suficiente esta actitud que facilitaba sobremanera mi misión, acercaros al encuentro con el Señor y orientar vuestra vida cristiana, en una tierra desconocida para mí.

Hoy, 28 de julio, la Iglesia hace público que el papa Francisco me ha nombrado Obispo de Lérida en sustitución del obispo Piris, conocido por todos vosotros ya que regentó esta diócesis los siete años anteriores a mi servicio pastoral.

Dos palabras resumen este escrito y, lo que es más importante, el período de mi presencia entre vosotros: gratitud y perdón.

Ambas palabras van dirigidas a todos sin pretender hacer una división como podría parecer por el título que encabeza el contenido de estas palabras. Agradecer y pedir perdón a los católicos de la isla es una obligación del mismo ministerio episcopal que orienta, acompaña, corrige y alienta la vida cristiana de cada uno de vosotros y de todas vuestras comunidades. De forma constante recordaba las palabras de los Apóstoles cuando se dirigían a los primeros que se convertían al Señor y formaban las incipientes comunidades que, con vacilaciones y esfuerzos continuados, intentaban cumplir la voluntad de Jesucristo. Son para nosotros modelo de comportamiento para superar las dificultades diarias y para mostrar la felicidad de la vivencia fraterna. Las palabras de san Pedro y san Pablo son una fuente de alegría, de consuelo y de esperanza. Me gustaría utilizar sus mismos términos de agradecimiento y de petición de perdón. Os lo debo y es el momento de recordarlo. En el Juicio el Señor me pedirá cuentas de mi paso por vuestras vidas y vuestras comunidades. Acepté la responsabilidad confiando en su gracia y espero haber sido un fiel cumplidor del encargo recibido.

También agradezco las constantes muestras de afecto y comprensión por parte de todos los menorquines sabiendo que me incorporaba a su vida con la oferta de salvación de Jesucristo y que había sido anunciada por obispos y presbíteros desde los primeros siglos de nuestra Era. Les pido perdón si no me han encontrado disponible o no he sabido transmitir la cercanía, la comprensión y la ternura de Jesucristo y de su Iglesia.

Y todo ello envuelto en la oración por unos y por otros. Por los cristianos para que cada día sean más exigentes en su vida y en su misión en el mundo y por los que no forman parte de nuestra comunidad diocesana para que nunca se cansen de buscar la Verdad y practiquen siempre la solidaridad con sus semejantes.

He caído en la cuenta de que sólo hablo de personas. Tal vez porque es lo más importante en mi vida presente y cuando recuerdo el pasado. De Menorca me llevaré, más que sus calas o playas, más que sus mares y verdes campos, más que sus famosos atardeceres y salidas diarias del sol, más que sus fiestas y costumbres, más que sus monumentos prehistóricos o actuales… el rostro de tantos amigos y conocidos que trabajan cada día por sacar adelante a su familia, de los sacerdotes, diáconos y personas consagradas que me han ayudado en el ejercicio diario del ministerio, de los colaboradores parroquiales y diocesanos que, en los diversos sectores pastorales, muestran su confianza y entusiasmo por el Evangelio, de los niños y de los ancianos que son el permanente tesoro de nuestra actividad ministerial, de los enfermos y personas más necesitadas de nuestra sociedad por recordar el compromiso del amor evangélico. También quedan en mi corazón y recuerdo el rostro de nuestras autoridades, alcaldes y concejales de los distintos municipios, responsables del Consell y de las distintas asociaciones culturales, sociales, deportivas o musicales. Todos me han permitido acentuar la importancia dada a las personas antes que a las cosas, objetos y proyectos.

Os pido vuestras oraciones. Encomendad mi futuro ministerio a nuestra Madre, la Virgen del Toro. Ella que entiende de flaquezas y debilidades sabrá acompañar mi dedicación al servicio de su Hijo y de la Iglesia.

Recibid un cordial saludo de vuestro hermano y amigo.

Salvador Giménez Valls
Administrador diocesano de Menorca

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